Mi?rcoles, 05 de noviembre de 2008
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Con los fr?os de mediados de noviembre en Sayago comienzan las matanzas. As? fue anta?o, porque ahora cualquiera tiempo es bueno para realizarlas,? gracias a los m?todos? artificiales de conservaci?n de carnes de que se dispone hoy. Pero cuando ?stos no exist?an o no estaban al alcance de todo el mundo, hab?a que esperar a estas fechas para sacrificar los cebones. Ya las cebas se calculaban conforme a un calendario que ten?a la fiesta de San Mart?n como principio del fin, buscando la protecci?n de las heladas.

El t?o Pernilla (Dios le haya perdonado) me contaba que en Almeida se acostumbraba a hacer una broma a los? vecinos que celebraban la matanza. Esa noche, ya oscurecido, los mozos preparaban la humaza.? Una especie de bomba f?tida a base de cualquier elemento que al arder exhala el peor olor posible: pelos, grasa, goma, azufre, cuero, resina, etc. Se depositaban los ingredientes en una lata o en un bote viejos y se les prend?a fuego. Calculando que estuviera el ?regalito? en su punto ?lgido para la hora de cenar.

Y cuando estaban cenando en amor y compa?a, en torno a un buen brasero,? la familia y los que hab?an trabajado desde bien temprano como matarifes y chacineros, festejando la ocasi?n con buena juerga; con sigilo y nocturnidad, se acercaban los bromistas y arrojaban su apestoso sahumerio, lo m?s adentro posible, desde la puerta de la casa. Hay que explicar que a la saz?n, las puertas de las casa se cerraban con dos postigos o puertas superpuestas y que, cuando la gente estaba dentro, el postigo de arriba se manten?a abierto hasta atr?s.

Consumada la maldad, se ocultaban los tarambanas hasta el momento que los comensales del interior comenzaban a dar s?ntomas de haber detectado el tufo infecto. Al ?nisono y como impulsados por un resorte, abandonaban las pitanzas y saltaban de sus asientos los comensales, espoleados por el insano perfume irrespirable. Unos juraban en arameo, otros maldec?an, las mujeres chillaban como si de repente se hubieran puesto de parto, los muchachos sal?an como balas buscando aire sano que respirar y los m?s ?giles se precipitaban a la oscuridad de la noche tratando de alcanzar a los autores del estropicio?para saludarlos con el mayor afecto.? ?El acab?se!

Naturalmente los de la chanza se hab?an puesto a buen recaudo y, lejos ya del lugar de los hechos, se regodeaban y re?an de su haza?a y de los aspavientos de los afectados. Mientras, para estos ?ltimos no quedaba otra que terminar por recoger los restos hediaondos de la broma y ten?rselo que tomar con paciencia. En general, despu?s del inicial mosqueo, acaban riendo tambi?n. La fiesta era de tiros largos y no estaban dispuestos a dej?rsela aguar por los bromistas.

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Tags: matanza, cerdo, cebón, mondongo, almeida, sayago, jmb

Publicado por Sayago @ 12:52
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