ALMEIDA DE SAYAGO

Acerca de ...
Ver perfil público del propietario del blog
Apuntes, impresiones, comentarios y artículos sobre la historia, arte, gentes, paisajes, etnografía y aconteceres de mi pueblo natal Almeida de Sayago (Zamora. España)y su comarca. Autor: José Martín Barrigós
Participantes
Buscador
Articulos Anteriores

Servicio cortesia de miarroba.com

Valid XHTML 1.0!

Valid CSS!

CSS - Tableless

miércoles, 05 de noviembre de 2008
                                                                           

Con los fríos de mediados de noviembre en Sayago comienzan las matanzas. Así fue antaño, porque ahora cualquiera tiempo es bueno para realizarlas,  gracias a los métodos  artificiales de conservación de carnes de que se dispone hoy. Pero cuando éstos no existían o no estaban al alcance de todo el mundo, había que esperar a estas fechas para sacrificar los cebones. Ya las cebas se calculaban conforme a un calendario que tenía la fiesta de San Martín como principio del fin, buscando la protección de las heladas.

El tío Pernilla (Dios le haya perdonado) me contaba que en Almeida se acostumbraba a hacer una broma a los  vecinos que celebraban la matanza. Esa noche, ya oscurecido, los mozos preparaban la humaza.  Una especie de bomba fétida a base de cualquier elemento que al arder exhala el peor olor posible: pelos, grasa, goma, azufre, cuero, resina, etc. Se depositaban los ingredientes en una lata o en un bote viejos y se les prendía fuego. Calculando que estuviera el “regalito” en su punto álgido para la hora de cenar.

Y cuando estaban cenando en amor y compaña, en torno a un buen brasero,  la familia y los que habían trabajado desde bien temprano como matarifes y chacineros, festejando la ocasión con buena juerga; con sigilo y nocturnidad, se acercaban los bromistas y arrojaban su apestoso sahumerio, lo más adentro posible, desde la puerta de la casa. Hay que explicar que a la sazón, las puertas de las casa se cerraban con dos postigos o puertas superpuestas y que, cuando la gente estaba dentro, el postigo de arriba se mantenía abierto hasta atrás.

Consumada la maldad, se ocultaban los tarambanas hasta el momento que los comensales del interior comenzaban a dar síntomas de haber detectado el tufo infecto. Al únisono y como impulsados por un resorte, abandonaban las pitanzas y saltaban de sus asientos los comensales, espoleados por el insano perfume irrespirable. Unos juraban en arameo, otros maldecían, las mujeres chillaban como si de repente se hubieran puesto de parto, los muchachos salían como balas buscando aire sano que respirar y los más ágiles se precipitaban a la oscuridad de la noche tratando de alcanzar a los autores del estropicio…para saludarlos con el mayor afecto.  ¡El acabóse!

Naturalmente los de la chanza se habían puesto a buen recaudo y, lejos ya del lugar de los hechos, se regodeaban y reían de su hazaña y de los aspavientos de los afectados. Mientras, para estos últimos no quedaba otra que terminar por recoger los restos hediaondos de la broma y tenérselo que tomar con paciencia. En general, después del inicial mosqueo, acaban riendo también. La fiesta era de tiros largos y no estaban dispuestos a dejársela aguar por los bromistas.

Safe Creative #0811091262983 /a>

Tags: matanza, cerdo, cebón, mondongo, almeida, sayago, jmb


Comentarios