S?bado, 08 de noviembre de 2008

Aquel atardecer, estábamos el tío Pernilla (que en Gloria estéGui?o y un servidor sentados en el poyo de la puerta de la fragua de Patato. Era el tiempo de la sementera y había mucha reja que aguzar, por lo que en la espera quedaba vagar para rato. No puedo recordar ahora de qué hablábamos. Pero ocurrió un episodio que se me quedo grabado. De buenas a primeras, por encima de la tapia del corral adyacente, apareció la cara de la señora Luisa Herrera y dirigiéndose a nosotros se puso a protestar, vociferando y nerviosa, por causa de las chispas de la fragua que caían sobre el tejado de su casa. “Un día voy a salir ardiendo y vamos a tener una desgracia”, decía. Se la veía muy excitada, pero nosotros nada podíamos hacer, así que nos callamos y, cuando se cansó, se metió para dentro. El tío Pernilla me comentó que desde que había enviudado de su segundo marido, el tío Bobia, estaba la mujer un tanto alterada de los nervios. Y, como si de repente aquellas chispas se hubieran convertido en foco de iluminación de su memoria, recordó un jocoso episodio de juventud y durante largo rato estuvo atacado por un acceso de risa que, a carcajada limpia, parecía que iba a desternillarlo del todo. Cuando logró reponerse, empezó a referirme la peripecia:

«Al parecer, siendo mocete, bajaba desde las eras de Valluengo a Almeida. Era verano.  El sol se había puesto ya y con el crepúsculo había llegado una suave brisa cuyo frescor se agradecía y hacía muy placentero el paseo. A mitad de la Cuesta del Gallo, alcanzó a ver al tio Bobia que marchaba también hacia el pueblo; más abajo, ya casi en la curva de las peñas Raposeras. La silueta del anciano era inconfundible; corto de estatura, cojo y renqueante, ayudándose de una cayada de pastor y tocado con un viejo sombrero de paja. Avivó el mozo sus pasos para alcanzarle y hacer con él el trecho de camino restante, pues gozaba el vejete de la simpatía de todos sus convecinos porque era la caraba. A todo le sacaba punta, era dicharachero y derrochaba picardía y gracia contando historietas y chascarrillos.

»Pero, sucedió que al estar a escasos pasos de él, el muchacho hubo de detenerse en seco, pues el tio Bobia, al andar, se aliviaba con el retumbar de una larga secuencia de cuescos de imponente y rotundo registro sonoro. Un bando de pardales levantó el vuelo en una era lindante con la carretera. Los pájaros debieron pensar que les atacaban con un arma mortífera de disparo a ráfagas.

“Yo también atisbé el peligro y me mantuve a una distancia lo suficientemente amplia como para que no me alcanzara el rebufo. Dejé pasar unos minutos y después ya me acerqué al flatulento”, me confesó. Y siguió contándome que cuando se juntó con el abuelete le espetó: ”Señor Santiago, me ha parecido que hablaba usted solo y que anda muy afónico. ¿Le pasa algo?” Se lo quedó mirando de soslayo, como queriendo adivinarle las intenciones y le contestó:  “Nada, hijo, que me he quedado a gusto soltando una queja. Un desahogo fisiológico. ¡Salud para el cuerpo!” “Pues a mí me parecieron pedos”, le contestó él. “Y estás en lo cierto, así se llaman, entre otros muchos nombres. Pero, se llamen como se llamen, son saludables embites para la salud humana y para el buen funcionamiento del organismo. Un desahogo al que hay que dar libertad y nunca reprimirlo, según consejo de nuestro médico, don Miguel Figueruelo, quien me tiene dicho que en esta faceta es aconsejable actuar con soltura y no privarse, galán”.

»Hubimos de apartarnos a la cuneta porque vimos venir el coche de línea de Bermillo que regresaba de Salamanca. El omnibus enfiló la cuesta y en el tramo en que la pendiente era más dura, el petardeo de su motor se acrecentó hasta hacerse ensordecedor, a tenor del esfuerzo de los caballos del diésel. El tío Bobia le comentó a Pernilla, cuando ya el ruido se lo permitió. “Galán, ahí tienes el ejemplo de lo que te decía. ¿Has oído al coche de los Gómez? Pues mira bien lo que te digo: si le tapas el agujero de detrás y lo dejas sin el traque, ¡no habría dios que le hiciera subir la cuesta!”»

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Tags: pedo, flatulencia, cuesco, almeida, sayago, arribes, duero

Publicado por Sayago @ 7:58
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