Jueves, 13 de noviembre de 2008

Mucho es de lamentar que sea tan desconocida una obra de tanta categor?a como es el cuadro de Juan Carre?o de Miranda, que enaltece el retablo que el ilustre secretario del rey Felipe IV y Vicecanciller de Indias, don Antonio de Oviedo y Herrera (Almeida, 1599), leg? a nuestro templo parroquial all? por el a?o 1655. Desde esa ?poca hasta hace bien poco, siendo el motivo central del conocido como ?altar del Carmen?, en el lado del Evangelio del presbiterio, pas? sin embargo desapercibido durante d?cadas. En las m?s remotas, por la falta de cultura art?stica de los feligreses; en las m?s pr?ximas porque una p?tina centenaria de polvo y humo ocultaba su esplendor y belleza. Finalmente, con su acertada y excelente restauraci?n, salieron a la luz los valores crom?ticos y el nivel art?stico de esta pintura, as? como la exquisita sensibilidad y la evidente maestr?a de su autor.

Este Juan Carre?o, que fue pintor de la corte de Felipe IV y de c?mara del rey Carlos II, naci? en Asturias (no se sabe si en Avil?s o en Carre?o) en el peor momento quiz?s para alguien que quisiera ser pintor. ?Por qu?? Pues porque le toc? vivir en el mismo tiempo que Diego de Vel?zquez, un genio capaz de ensombrecer a todos sus colegas. A pesar de ello, logr? Carre?o hacerse un sitio y, a partir de 1669, a?o en que le nombran pintor del rey, se convirti? en uno de los mayores retratistas de la Corte. En esta especialidad del retrato descuella de manera notable y es considerado como uno de los grandes entre los grandes, pues logr? aplicar a sus lienzos el estilo aristocr?tico de su forma de vida, captando con elegancia y psicolog?a los rasgos m?s significativos de la personalidad de sus personajes. La influencia de Vel?zquez y de Rubens se deja traslucir en sus obras que, por otra parte, est?n presentes en museos y pinacotecas del mundo entero. No es un don nadie, ni mucho menos, sino un gran pintor barroco.

La mencionada obra de la parroquia de Almeida, representa a la Virgen del Carmen como protectora de la Orden del Carmelo que acoge maternalmente bajo su manto a Santa Teresa de ?vila y al profeta El?as (en primer t?rmino) y a una pl?yade de santos y santas carmelitas (como comparsa). La expresi?n de los rostros de cada uno de estos religiosos manifiesta diversas facetas arquet?picas de la m?stica: ?xtasis, arrobo, piedad, etc. Las miradas y la actitud est?n marcando el car?cter y el grado personal de cada uno en el camino de perfecci?n. A ello a?adiremos la atm?sfera de sosiego, recogimiento y gozosa quietud que emana la composici?n, capaz de hacernos sentir un ligero reflejo de la ansiada visi?n beat?fica.

La figura de la Sant?sima Virgen, a pesar de estar resuelta con una sobriedad crom?tica notable, llena el cuadro y nos subyuga con su ternura, belleza y donaire. Su gesto de madre amant?sima, de brazos protectores y manos extendidas; su mirada de amorosa y rendida prestancia; su candor y sinceridad en el gesto; su delicada inclinaci?n hacia sus hijos? Su bello rostro, tan claramente cercano a la rotundidez carnal caracter?stica de Rubens, y la larga melena que cae sobre sus hombros, est?n resueltos eludiendo con oficio y finura cualquier atisbo de sensualidad perturbante. La luz de la Gracia Plena la aureola y diviniza.

Por todo ello consigue Carre?o trascender la materialidad del lienzo y remover en nuestra alma nobles efluvios de piedad y devoci?n. As? logra este gran artista su objetivo, raz?n de ser de su obra; ese di?logo que ha de establecer el cuadro con el espectador que a su contemplaci?n se entrega. Cuando esta comunicaci?n no existe, si la obra ?nos deja fr?os?, solemos concluir cargados de raz?n que ?no nos dice nada? y pasar de largo. Pero no es el caso.

Hagamos la prueba. Visitemos este altar de la iglesia parroquial de San Juan Bautista de Almeida y d?mosle una oportunidad a este gran cuadro. Vis?tenlo tambi?n los escolares y estudiantes de los centros educativos de Sayago. Ellos y nosotros (para disfrutar del arte no hace falta ser intelectuales o doctores), todos, podremos experimentar c?mo con su pincelada dividida y c?lida, al modo veneciano, Carre?o de Miranda tiene el poder de evocar y hacernos sentir el deleite que s?lo las grandes obras de arte nos provocan. No cometamos la necedad de obviar tan refinado y enriquecedor placer. ?Lo tenemos tan a mano!

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Tags: sayago, almeida, virgen, carmen, carreño miranda, pintura

Publicado por Sayago @ 10:09
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