
Juan Cruz, escritor y periodista canario,director adjunto de El País,como persona me merece todo el respeto, mas de susideas estoy en lasantípodas. Los seres humanos por su propia dignidad sontodosrespetables, pero esto no ocurre con las ideas. Es más, algunas (pornodecir muchas de las de ahora) no son nada respetables. Están dictadaspor la ideología y no por la razón,pura bazofia intelectual, sin rigory sin criterio. Baratijas de fantasía paraengañar a pánfilos.
Dicho lo cual, les cuento que en su blog elmencionado colega ha publicado en su periódico: Ayerme decía una buena amiga:¿Por qué escribes tanto de Tenerife en elblog? Porque es mi tierra, la tierraes el olor de la memoria, es lamemoria misma. Es curioso: cuando vuelvo a latierra me vuelven no sólolos recuerdos de la tierra sino la memoria entera. Amedida que pasanlos años, además, la tierra nos habla más, como si en ellahabitara uneco que avivan nuestros pasos.
En su Diariomi admirado Miguel Torga, elgran escritor portugués de Tras-os-Montes,relata lo que sus paisanos de SaoMartinho de Anta, su aldea natal,lesolían preguntar y lo que él les contestaba:
—¿Viene usted aquí a inspirarse?
—No. Vengo a recibir órdenes.
—¿De quién?
—De mis antepasados.
¿Aque es así? Los “desterrados” sabemosbien de qué hablan estos dosescritores. Si nos quedáramos sin ese ecovivificante, no dejaríamos yajamás de sentir el vértigo que el vacío de lapropia identidad produce.¿Y si se esfumaran las pautas de conducta de nuestrosantepasados? Lainestabilidad sería de órdago. Este desasosiego emocional lohanrelatado superbien los damnificados que han visto morir a suspueblosinundados o abandonados. Que digan si no nuestros paisanos deArgusino que lohubieron de sufrir antaño.
Apropósito de portugueses, me voy a dejartransportar por la imaginaciónal rincón de la barra del bar de Rosario,“Hostal Almeida”. Entrando ala derecha. Donde están los periódicos. Allí hegozado mucho y muchosratos de la charla de Manuel Cangueiro “Portu”(q.e.p.d.), el padre dela dueña, antes o después de degustar la cordialidad ylas buenasviandas con que obsequia a los huéspedes de su establecimiento lahija.
Era“Portu” un ejemplo de educación ysimpatía. Mantengo mi rendidaadmiración por él como luchador sin desmayo,trabajador infatigable yhombre de bien por los cuatro costados. Todo unejemplo. ¡Qué tio! ¿Acuántos hijos sacó adelante? Todos a brazo partido contrala escasez,sin rendirse ante las muchas adversidades que tuvieron que superarymanteniéndose siempre a resguardo de todo lo que estuviera más allá deloslímites de la honestidad, de la rectitud y de la honradez. Es ungusto supremover hoy bien situados a los componentes de aquella recuade chavalines que cuando andaban aescuela perecían alfeñiques y “tanpoca cosa”. ¿Y qué decir de los nietos? Yaalgunos tituladosuniversitarios o muy competentes profesionales y técnicos enempresasprivadas de Cataluña. Por fortuna, no es un caso único, hay muchosmás.Pero hoy toca hablar de éste.
Cuando vuelva yo a Almeida ya no me seráposible recibir, en vivo y en directo, de este gran hombre esas órdenes deque noshabla Torga, sus lecciones de respeto y educación desde lasencillez de loshumildes y el tesoro perdurable de sus recuerdos yvivencias en la tierra sayaguesa,a la que llegó en su juventud desde elpaís hermano del otro lado de "La Raya" y en la que ya duerme el sueñoeterno.No hace mucho que me he enterado de su fallecimiento hace pocomás de un año y,desde entonces, lo tengo presente y me parece justo queno dejemos desvaír lahijuela de sus muchos valores y virtudes que enesta vida practicó y puso demanifiesto.
Manuel,amigo, te digo que nunca perdí eltiempo charlando contigo. Que aprendímucho de ti y que deseo que Dios te lopagué. ¿Sabes una cosa? Con ladesaparición de la gente de tu quinta ya sólonos queda la referencia delas dos generaciones que siguen (los de más 70 y más de 80años), deahí para abajo ya somos todos híbridos de la emigración y de lasociedadde consumo. Urbanitas apesebrados por la confortable e insulsa maneradevivir de las clases medias globalizadas y sin relieve. Pocointeresantetendremos que decir a nuestros hijos que, para más inri,sólo hacen caso de lapublicidad y de los embaucadores de moda. Cuandoya se ha cumplido un año de tudesaparición, nadie de por aquí se haolvidado de ti. Que lo sepas.
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