
Acabo de regresar de Londres. Allí, mi hija Olga acaba de hacerme abuelo por cuarta vez. Así que he aprovechado uno de estos puentes vacacionales para conocer a mi nuevo nieto: Lucas Banerjee. A quien Dios bendiga, dé larga y feliz vida, sea buena gente y no haga mal a nadie. El undécimo, hasta la fecha, en mi cómputo general de abuelo. A pesar del apellido que lleva y de su ascendencia india por parte de padre, en su línea materna tiene un tatarabuelo de Torrefrades (Jose Martín Pérez), un bisabuelo de Almeida (Julio Martín Fuentes) y un abuelo (yo mismo) también de aquí. ¡Ahí tenéis un sayagués cosmopolita! A esto hemos llegado.
Pero hay algo más interesante. Os lo cuento. Se trata de un antiguo y varias veces aplazado proyecto. Hace tiempo que determiné llevarlo a cabo pero las circunstancias no me habían sido propicias. Me exigía desplazarme al lugar, pasar allí unas horas para conocerlo bien y, después, podéroslo contar a vosotros. Pero en el transcurso de otros viajes me ha faltado el tiempo. Y esta vez me dije: Ahora es primavera, es el momento, ¡andando!.
Resulta que en este populoso Londres, capital de UK y de todo el orbe de la CommonWell, al lado justo de la City, centro financiero de medio mundo, a la sombra misma de los rascacielos de Caledonian Road, en N1, distrito de Islington, se halla Almeida Street. ¡La calle Almeida!.
No muchos pueblos, ni españoles ni europeos ni de cualquier sitio, pueden presumir de algo así. No todo el mundo tiene una calle en la capital de Inglaterra. Y mucho menos en pleno centro. Decirme si no tenía yo que referirlo aquí y dejarlo escrito para que mis paisanos puedan presumir, como yo lo hago con quien puedo, de ser de un pueblo grande y célebre en los cuatro continentes. ¡Faltaría más!.
Os hablaré un poco de esta calle. Sale de una arteria importante, Upper Street, que viene del norte de la ciudad, desde Finsbury Park, por Green Lane y Essex Road. No es una calle de primer orden, tumultuosa y comercial. Es más bien residencial y apacible. Cuanta con un teatro importante y un restaurante de buen nivel que hace una excelente cocina de inspiración francesa. Sus edificaciones tienen una prestancia burguesa de cierta clase y no tiene mucho tráfico porque por su lado oeste no tiene salida.
El Almeida Theatre ocupa un edificio que data de 1837 que fue habilitado para sala teatral en 1980. Pier Audi fue su primer director artístico. En él se programan obras clásicas y contemporáneas. Actualmente lo dirige Michael Attenborough que, después de alcanzar grandes éxitos en el West End, llegó al Almeida en el 2002. Cada verano figuran en la cartelera dos acontecimientos de resonancia notable The Almeida Opera y The Almeida Theatre Summer Festival que acogen compañías y elencos internacionales muy importantes.
Frente al teatro se sitúa el Almeida Restaurant, en la acera que mira al sur. La mañana del 25 de abril (San Marcos, día de nuestra romería) en su terraza era una gozada tomarse una cerveza al sol. Allí puede hablar con su chef, Alan Jones, y explicarle el porqué de mi visita. No tenía ni idea, pero me prometió hacer un precio a todos los que vinieran de Almeida. Siempre que se identifiquen debidamente, me previno. Una buena opción debe ser su Tradiditional Sunday lunch menu (comida de domingo) por 15 libras (unos 20 euros): entrada, plato principal con guarnición, postre, café o té, sin incluir el vino. El local es elegante, acogedor, bien decorado y limpio. Ya contando con el descuento prometido, en cualquier ocasión he de celebrar alguna comida familiar aquí, presumiendo de calle y de nietos.
Ya tendréis noticia de tal evento. Lo prometo.
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