
Antes de que sea irremediablemente tarde, adelantándonos al inexorable trancazo del derrubio del tiempo; antes de que con su rapiña no dejen piedra sobre piedra los que tienen tasado su valor, conscientes de que son un monumento importante…
Pero por encima de todo, porque son una seña de identidad de nuestra cultura; porque están levantadas con los sudores y fatigas de nuestros antepasados; porque conforman el paisaje donde nos abrimos a la vida y fuimos forjando nuestro medrar como personas, nuestro saber y entender… Nuestra entidad de sayagueses, en resumen.
Por todo esto, que es tanto, bien merece la pena hacer el esfuerzo de salvar de la ruina las paredes de nuestras cortinas y “cortinos”. ¡S.O.S.!
Yo empiezo por arrimar el hombro de la manera que puedo y sé: gritando a los cuatro vientos en esta red global que es Internet, que todos los sayagueses, de ésta y de futuras generaciones, hemos de luchar por la conservación de algo tan nuestro, de tanto valor, tan singular y formidable. Creedme, valdrá la pena.
Escuchad si no a la doctora arquitecto de Escuadro, Esther Isabel Prada Llorente: “Estas paredes de piedra, construidas con granito, presentan formas muy variadas, de gran calidad estética, en las que se mezclan y combinan adecuadamente piedras grandes y pequeñas sin ningún tipo de argamasa; las figuras que conforman son de gran belleza de volúmenes, constituyendo la base de un valioso patrimonio cultural que pone en evidencia el ingente esfuerzo humano empleado en su construcción.”
Esta nuestra ilustre paisana, que sabe bien de qué habla, califica a estas nuestras humildes tapias de “patrimonio cultural”. Autoridad y solvencia tiene para ponderarlas y su criterio ha de ser dogma incontrovertible para los que somos paganos en la materia en que ella es doctora. Así pues, amén.
Por lo que a mi oficio respecta, me considero también en el deber de aportar mi granito de arena en el terreno de mi especialidad: la lengua. De ahí que traiga a colación lo que sigue. ¿Objetivo? Que en el folio comunal y perenne del ciberespacio, negro sobre blanco y a perpetuidad, queden escritas las palabras con que nuestros ancestros dieron nombre y significado a los elementos, técnicas y funciones propios de la estructura de estas construcciones de su invención.
Empezaré por indicar los dos tipos de pared que subsisten: el sencillo o “de pobre” y el doble o “de dehesa”.
El primero es el cerramiento resultante de asentar las piedras en una única hilada, generalmente coincidente con la linde de la parcela. A pesar de ser la pared más frecuente en el paisaje sayagués, no existe un patrón común en lo referente a sus dimensiones, pudiéndose establecer como valores medios aproximados los 130 cm de alto por 40 cm de ancho. Estos cercados destacan por su esbeltez e integración en el medio natural, pero sin embargo requieren una importante labor de mantenimiento por su escasa estabilidad.
Se utilizan piedras pequeñas, denominadas “ripios”, para calzar las otras mayores o para rellenar huecos.
La doble se conforma levantando dos paredes paralelas, la interior y la exterior, e intercalar con frecuencia sobre ambas unas piedras de mayor tamaño que abarcan las dos a lo ancho, denominadas “tizónes”, “traveseros”,“travesaños” o “llaves”.
Hay algunos elementos funcionales característicos. A la apertura de pequeño tamaño en la pared, aproximadamente de un metro, para permitir un fácil acceso de animales y personas, se le denomina “portillo”. Se caracteriza por la ausencia de dintel y, en especial, por la colocación en forma de uve de dos grandes piedras, denominadas “arrimaderos”, que conforman su umbral. Su cierre se suele realizar con un “gavillón” (gavilla de zarzas) o una simple rama de leña.
La “portera” o “rodera” es una apertura amplia para carros, a fin de permitir el acarreo de cosechas, de estiércol o enseres de labor, que también está flanqueada por “arrimaderos”. Su cierre se realiza con una cañiza y, en las épocas en que se deja de utilizar, se tapia. En los “casales” existe una “buraca”, (palabra celta que designa un hueco en la pared) a ras de suelo, de amplitud suficiente para permitir el paso de las ovejas. Se cierra por fuera, con una piedra un poco mayor que el hueco. (En Sayago, un casal es una cortina aislada y alejada de otras o un corral circular para que se guarezcan las ovejas).
A pesar de que en son fácilmente identificables diversas variantes de estilo de construcción de estas paredes, existen en las mismas varios elementos comunes que les aporta cierta singularidad diferenciadora con respecto a los muros de piedra de otros territorios rústicos nacionales. Es el caso del “hincón”, en algunos municipios también llamado “fincón”, “zincón” o “jincón”. Es una amplia losa o laja de piedra hincada verticalmente y con sus caras planas orientadas hacia el interior y el exterior de la finca. Su existencia aportar una mayor resistencia a la pared.
El “arrimadero” o “aguja”, es una losa o laja de piedra de menor tamaño que las anteriores, cuya cara plana apoya por un lado sobre el “hincón” y por otro sirve de respaldo al lienzo de pared que, a modo de relleno, se construye con piedras mucho más menudas y amorfas. Cada “hincón” lleva un “arrimadero” o “aguja” a cada lado. Es frecuente también diferenciar entre dos tipos de “arrimaderos”, por un lado la denominada “tijera" que apoya sobre el “hincón” y sobre el suelo. Por otro lado, el “cajón" que apoya sobre la anterior y también sobre el “arrimadero”.
Por último, el “pergón”, "pielgón” o “pelgón” es el tramo de pared de piedra construido entre arrimaderos. Se llama “cobertera” a la fila de piedras situadas sobre todas las anteriores y que se solapan unas sobre las otras con un ángulo agudo deinclinación.
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