
Se muere el campo. Mejor dicho, lo han matado. Los gobernantes, a los que corresponde por obligación asistirlo y suministrarle el oxígeno que le permita respirar para seguir vivo, se inclinan más bien por atender a los que lo ahogan y cierran la espita de los recursos esenciales que permitirían mantenerlo vivo. Estar del lado de éstos es lo que les da votos. Al fin y al cabo el campo es un erial en el que agonizan cuatro vejestorios que no influyen para nada en los resultados electorales. Así que les den morcilla.
Conque no es de extrañar que cada día sean más los agricultores que han de abandonar sus tierras porque su cultivo ya no les da para malvivir. Y el asunto tiene mala solución mientras el margen bruto que obtienen los que venden sus productos al consumidor, sea entre dos y cinco veces el precio que se paga por los mismos al productor, el cual tiene muchos más gastos y riesgos. Oígalos, sin embargo. Me refiero a Zapatero y a su cuadrilla, sacando pecho y presumiendo de lo bien que lo hacen y de cómo no paran de luchar por los más humildes y desfavorecidos. ¿Serán los de Maputo, por un casual, a los que se refieren?
Pero, ¡ánimo!, que mientras hay vida, hay esperanza. Yo, como sayagués, descendiente de nuestro legendario héroe Viriato (y acaso en línea directa, pues mi abuelo materno era de Torrefrades) me adhiero a la iniciativa que ha tenido Manuel Villena Lázaro. Este mi ilustre colega escribe hoy en el diario digital Ya.es (http://www.diarioya.es) la siguiente misiva:
Ilmo. Sr. Primer Ministro de Italia Sr. Silvio Berlusconi. Estoy plenamente seguro de la extrañeza y perplejidad que esta misiva le pueda ocasionar, por ello considero primordial ponerle en antecedentes.
Hace pocos días el Grupo Socialista español, en su afán revisionista de la historia ha presentado una proposición, en el Congreso de los Diputados, por la que se pide una reparación a los descendientes de los moriscos expulsados de España en el siglo XVII. A esta propuesta se ha sumado Izquierda Unida, que dando un pasito má s, dem anda una compensación.
Ante estos hechos tengo a bien solicitarle a V.I., como legítimo descendiente y sucesor en el poder de aquellos romanos que invadieron la Península Ibérica, una reparación e indemnización.
Soy descendiente de Viriato, que comoconocerá fue un valiente guerrero que luchó contra los ejércitos imperialistas provenientes de la Península Itálica. Viendo los generales romanos la imposibilidad de vencer a Viriato el cónsul Cepión sobornó a tres de sus lugartenientes: Ditalcón, Audax y Minuro, con el fin de asesinarle, como así lo hicieron. Cometido el vil crimen los traidores asesinos fueron a cobrar lo convenido, a lo que las autoridades sobornadoras les espetaron la famosísima y lapidaria frase: "Roma no paga traidores."
Resumiendo, Roma asesinó a mi combativo antepasado y tampoco pagó lo estipulado por el crimen.
Por todo lo expuesto solicito de V.I, que siguiendo la línea marcada por los políticos españoles, se me compense con una doble indemnización: una por el asesinato en sí, otra por el soborno que en su día sus antepasados se ahorraron al incumplir la palabra dada.
¿A que es buena la idea? Se pueden sacar unos cuartos, que bienvenidos sean para paliar la ruina a la que los campesinos sayagueses están siendo condenados, pese no haber cometido más delito que deslomarse de sol a sol. Ya sé que con eso sólo vamos a conseguir alargar la agonía un poco más… Ya sé.
Pero algo es algo. Quien quiera seguirme, que coja papel y pluma y mande su carta a Berluconi. Como mínimo nos servirá de desahogo.
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