Mi?rcoles, 21 de abril de 2010

Los sayagueses sin los huevos no ser?amos nada. Me refiero a los que ponen las gallinas, claro. Sin ellos no hubi?ramos podido medrar, en los viejos tiempos, ni sobrevivir a los a?os del hambre, ni llegar a poder contarlo. Las gallinas y su fruto; el cerdo y sus chacinas (para los m?s pobres s?lo el tocino); las patatas y el garbanzo: sota, caballo y rey del yantar tradicional diario en las humildes mesas sayaguesas.

Pero no queda aqu? la cosa.

Los huevos, por encima de todos los dem?s recursos. Primero, porque estaban a mano de cualquiera (no es una picard?a), es decir, que unas gallinicas las pod?a tener todo quisqui y as? los huevos le llegaban por el conducto reglamentario. Y en segundo lugar, porque los huevos eran moneda corriente para pagar las compras, mediante el socorrido sistema del trueque, forzosamente generalizado en una econom?a de subsistencia y carente de moni. Ir a comprar con huevos a la tienda de coloniales era lo usual, hasta casi la mitad del pasado siglo. Al igual que pagar con grano al m?dico, al alb?itar, al barbero o las rentas de las tierras. Muchos hemos conocido y sobrevivido a estos usos. Un corte de s?banas de lienzo moreno, dos docenas. Puntillas para una enagua, media docena. Percal para un mandil, tres huevos. Aceite, bacalao, az?car?

No se me va la olla. no. Todav?a mis neuronas responden como es debido. Estoy en lo que estaba: la romer?a de Almeida.

En el presente, ya est? casi olvidada por razones obvias la vieja costumbre de que los huevos cocidos fueran indispensables en el almuerzo campestre de las familias. La comida entre las encinas, a la brigada de las carrascas, sigue siendo un rito de obligado cumplimiento hoy. Una tradici?n que no se ha perdido, pero que ha ganado mucho en variedad, abundancia y calidad gastron?mica, gracias al buen nivel de vida que ahora, por fortuna, disfrutamos. Pero los huevos duros han ca?do en desuso, si no me equivoco.

Sin embargo, anta?o, para entretener a la chavaler?a en el tiempo que mediaba entre el final de la misa y el comienzo de la cuchipanda (un rato que los adultos ocupaban con una sesi?n de baile "vermout" al aire libre y con la recogida del vino que regalaba el Ayuntamiento), los abuelos escond?an huevos entre las carrascas e incitaban a los peques a buscarlos. ?Hay un nial?por aqu텔 ?Cuando yo era muchacho, me sab?a un nido?? ?Fr?o, fr?o?? ?Idas y venidas? Busca y rebusca? ?Caliente, caliente?? ??Por fin un huevo! ?Toma, otro! Lleg? el momento de extender los manteles, destapar las fiambreras y sentarse a comer. ?Buen provecho!

Hablamos de la romer?a de mi pueblo, pero en las de los otros de alrededor se repite la historia. Tanto m?s, incluso; como ocurre con la de Bermillo, conocida como ?San Juan de los Huevos?. Habr? que preguntarse a qu? responde esta constante que, l?gicamente, no es una mera casualidad.

Desde que el hombre es hombre contempl? al huevo como un misterio inexplicable y asombroso: algo inerte y herm?tico que crea vida. De ah? que est? presente en pr?cticamente todo el mosaico de religiones del mundo, considerado como s?mbolo del poder y la fuerza que emana de la divinidad, cuando no la imagen de ella misma y por lo tanto objeto de culto y adoraci?n. Hay abundante bibliograf?a sobre el tema, si bien vamos a rese?ar ?nicamente dos obras fundamentales: El hombre y sus s?mbolos de Carl G. Jung?y el Diccionario de S?mbolos de J. E. Cirlot, para mayor ilustraci?n de los interesados.

El cristianismo consider? id?nea y aprovechable esta simbolog?a y la adopt? para significar el Misterio Pascual: la muerte y resurrecci?n de Cristo. Efem?rides que coincide con el inicio de la primavera, no casualmente. En primavera, la Naturaleza sale de su letargo, inici?ndose un nuevo ciclo vegetal. Es el despertar a la vida. Si esto lo trasladamos al terreno espiritual, la Pascua representa la vida nueva renacida que culmina con el triunfo sobre la muerte. As? pues, para resaltar las evocaciones de la fecundidad, la vida y la renovaci?n, la asociaci?n Pascua, Primavera y Huevo, no puede ser m?s oportuna y elocuente. De ah? la costumbre de los huevos de Pascua, en las ciudades y de los huevos duros, en el medio rural. Todo tiene su explicaci?n.

Dicho lo cual, hago votos para que reine el buen tiempo y el buen humor y nuestra Romer?a de San Marcos se celebre con la mayor alegr?a y brillantez este a?o.

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Tags: romería, almeida, sayago, virgen, gracia, marcos

Publicado por Sayago @ 17:04
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