Martes, 02 de noviembre de 2010

Lo dejé escrito en su día (Mítico Sayago. Bubok, 2008). Era de justicia. Como lo es ahora volver sobre él. En enero de 2011 se cumplirá el centenario de su nacimiento y, en mi modesta opinión, Sayago no puede permanecer indiferente. Creo que bien merece que nuestra comarca le tribute un homenaje de amplia y sentida gratitud.

Su estancia de seis meses en nuestra tierra, como trabajo de campo para su tesis doctoral, constituye un hecho sobresaliente en los anales de Sayago que no es suficientemente conocido fuera de los ambientes universitarios especializados. Y sin embargo, son de tal magnitud su relevancia, su enjundia y trascendencia que, en mi opinión, debe figurar entre los hitos históricos de nuestra comarca y quedar inscrito en la conciencia de nuestra propia identidad de sayagueses.

La figura a que me estoy refiriendo es un escritor y antropólogo peruano, reconocido universalmente como paladín y maestro de las letras hispánicas. Su nombre, José María Arguedas, aparece inscrito por los propios méritos y por el aprecio de los lectores en la pléyade de la gloriosa y fecunda literatura hispanoamericana contemporánea.

Nacido en Andahuylas (PerúGui?o en1911, las raíces profundas de su obra literaria, dominada por el sentimiento de lo real maravilloso, se encuentran en su infancia, que transcurrió en las hostiles y abruptas serranías andinas. En esa infancia, de una dicha tan intensa como el sufrimiento, reside el tono de bondad primigenio, de fraternidad con la naturaleza, que da un sello original y propio a su narrativa.

Ha dejado dicho: «Yo tuve la fortuna de pasar mi niñez en aldeas y pueblos con una muy densa población quechua. Fui quechua casi puro hasta la adolescencia. No me podré despojar quizás nunca - y esto es una limitación de la pervivencia de mi concepción primera del universo. Para el hombre quechua monolingüe, el mundo está vivo; no hay mucha diferencia, en cuanto se es ser vivo, entre una montaña, un insecto, una piedra inmensa y el ser humano. No hay, por tanto, muchos límites entre lo maravilloso y lo real».

Entre sus obras literarias, escritas en español, descuellan las novelas Los ríos profundos, El sexto, Todas las sangres y El zorro de arriba y el zorro de abajo.

Como antropólogo, la otra faceta de su entrega e interés por las gentes y sobre todo por los marginados y los desasistidos, le llevará a estudiar sus propias raíces andinas con pasión analítica. Era ya profesor universitario cuando viaja a Sayago para realizar una parte del estudio antropológico que constituirá la base de su tesis doctoral en la Universidad Mayor de San Marcos de Lima en esta nueva especialidad.

Llegó a Sayago casi por casualidad. Gracias a la lectura de las obras de Joaquín Costa, a última hora cambió de rumbo, pues pensaba en principio realizar su estudio en Aliste.

«Se ha ido usted a meter a lo último de España, ¿por qué?, ­—me dijo la dueña de una pescadería en Zamora, cuando al advertir por mi modo de hablar, que era extranjero, me pidió que le dijera de dónde venía y con qué objeto. Le repliqué que me sentí feliz en Sayago y que no me parecía “lo último” sino uno de los distritos más bellos de España, y que sus vecinos eran amables y generosos. La señora se echó a reír de muy buena gana, y me miró con muy risueña burla, como se considera a un individuo estrafalario».

Era el año 1958 y durante los seis meses que duró el trabajo que le subvencionó la UNESCO, don José María reside en Bermillo. El fruto de esta labor investigadora en nuestra comarca, aún no mermada su población por el cáncer de la emigración masiva de los 60, queda plasmado en la obra Las comunidades de España y del Perú, editada primeramente en su país (Lima, UNMSM, 1968) y posteriormente en España (Madrid 1986) por el desaparecido Instituto de Cooperación  Hispánoamaricana en colaboración con el Ministerio de Agricultura Pesca y Alimentación (ClásicosAgrarios). Hoy  el interés de este libro singular se acrecienta por su relevante aportación al estudio de la historia de Sayago en una época de notable desdén académico y menosprecio oficial por lo rústico, en general. Nuestros pueblos eran a la sazón el paradigma de la marginación y el aislamiento. Una agricultura de agotadora, incesante y dura brega para acarrear cosechas de hambre y escaseces, mantenía a los campesinos sayagueses esclavos de la gleba, sin más horizontes que la propia supervivencia en precario.

A este Sayago que no contaba ni le interesaba a nadie entonces, llega Arguedas a fisgar con ojos científicos, escrutadores y sabios para descubrir aquí sustratos y vestigios culturales que se asemejaban a los de las comunidades quechuas de los Andes peruanos. Gracias a él, y a los discípulos que han repetido posteriormente el viaje de su maestro, tenemos hoy rigurosos y elocuentes testimonios de enorme valor etnológico e histórico. Algo le debemos.

Safe Creative #1011027746269


Tags: JOSE MARIA ARGUEDAS, BERMILLO DE SAYAGO, MÍTICO SAYAGO, RODRIGO MONTOYA, ARQUEÓLOGO, HIGUERA

Publicado por Sayago @ 17:30
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios