Viernes, 07 de enero de 2011

 

 

Un acontecimiento de extraordinario interés para nosotros descuella en el calendario del año que acabamos de estrenar: se cumple en 2011 el CXX Aniversario del nacimiento del ilustre almeidense Avelino Herrero Mayor (Almeida de Sayago 11 de noviembre de 1891). Efeméride que no debería nuestra Corporación Municipal dejar pasar sin rendir a tan ilustre hijo de Almeida un homenaje memorable. Ya veremos.

Escasos datos biográficos y aportaciones sucintas sobre su extensa obra constituyeron el cuerpo de mi artículo anterior, publicado aquí el 13 de noviembre de 2010, en el que hacía su presentación. Así y todo, habrían de servir como preámbulo para calibrar la solidez de su legado y como anticipo para la evaluación de sus méritos en los campos de su especialidad: gramática, lexicología, filología y pedagogía del idioma. Materias éstas que, debido a su árida especificidad científica, no corresponde tratarlas aquí, tanto por el rigor que exigen, como por la extensión que habría que condecerles. Contentémonos, pues, con extender la información sobre algunos aspectos singulares de la trayectoria personal y profesional de nuestro paisano.

En primer lugar, le vamos a “poner rostro”. Su fotografía (la de la ilustración de cabecera) es gentileza de su hijo Julio y de su nuera, Marta Josefina Cuenca de Herrero. A ellos quiero agradecer públicamente su amable hospitalidad cuando, gracias a la tecnología de Skiper, logré penetrar en el salón de su casa de Buenos Aires y atosigarlos a preguntas, recabando datos, fechas y nombres para poder pergeñar su biografía. Muy reconocido a Marta Josefina, que maneja la computadora por una carencia visual de su esposo, y gracias también a Julio por el esfuerzo a que le he sometido buscado afanosamente en el baúl de sus recuerdos.

Nuestro prócer, ya lo escribí, era hijo de Enrique Herrero, que fue secretario del Ayuntamiento de Almeida en los años finales del siglo diecinueve y los primeros del veinte. Seguramente el inicio del nuevo siglo le hizo reflexionar en profundidad sobre su vida y el futuro de su numerosa prole. Nueve hijos, a los que había que ir buscando un horizonte despejado y más próspero que el que se podían labrar en la Almeida humilde y pobre de aquellos años. Después de cavilar lo suyo, informarse, aconsejarse, dialogar, preguntar y hacer cálculos, decide emigrar a la lejana República Argentina. Una nación rica, joven y en construcción, en la que acogen con fraternal afecto a todo el que quiere trabajar allí, para sí mismo y para construir un estado floreciente. Sobra tierra y faltan brazos. Ya otros del pueblo habían emigrado con anterioridad y las referencias eran excelentes. Así pues, allá que te voy; ¡once de un golpe! A Vigo a tomar el vapor y, cincuenta días después, en la capital argentina para niciar una vida nueva.

Se estableció esta familia en Pehuajó, provincia de Buenos Aires, a más de trescientos kilómetros de la capital. Una pequeña localidad de La Pampa húmeda, creada a partir de un destacamento militar y algunas chacras en el paraje “Las Mellizas”, por la asignación de parcelas a los colonos que allí se avecindaran, y que estaba creciendo espectacularmente. Desarrollo que se había iniciado con la llegada del ferrocarril en 1889. Precisamente en la compañía ferroviaria va a emplearse el cabeza de familia, imaginamos que en algún puesto de gestión o administración merced a su formación de base y su experiencia como secretario en la administración local española.

A sus catorces años Avelino Herrero no es allí un desconocido. Adsorbe vorazmente la abundante savia cultural que con vigor y profusión destila esta ciudad, que contaba ya con un equipamiento escolar excelente y en la que se editaban simultaneamente hasta cinco periódicos. Además de formarse adecuadamente, escribe versos, “doma potros, se mezcla en rencillas y arenga en la plaza o en la pulpería”. Es un joven que seduce con su palabra y encanto personal,  capaz de revolucionar el “cotarro poblano” con su “rebeldía socialista” y con sus versos de intecionadas metáforas y, tal vez por eso, llegará a conocer “el calabozo de ese feudo caudillesco de taba y empanada” (Tomás Aníbal Recarte Tiscornia: Medallas de Pahuajó. Bs. As. 2006)

Muestra una temprana vocación por el periodismo, actividad que pone en ejercicio dirigiendo un diario local en Tres Lomas y fundando la revista literaria Athenas en Montevideo (Uruguay) en 1912. En los años 20, le hallamos en Buenos Aires ejerciendo como redactor del diario La Época (hoy desaparecido), en el que llega a ocupar el puesto de subdirector en 1930. Pero antes, el 15 seseptiembre de 1927 contrae matrimonio con la joven Rafaela Carmen Di Paola, de 19 años y ascendencia italiana. Fruto de este matrimonio nacerán sus tres hijos: Enrique, Julio y Chelita. Más adelante colaborará en los diarios La Nación y El Mundo de BuenosAires. También en esos años, comienza su tarea docente, como profesor de Lengua y Literatura en colegios públicos de secundaria de Buenos Aires y La Plata.

Por su reconocido prestigio es nombrado asesor ling¨ístico del Ministerio de Educación. Publica decenas de libros acerca del idioma, y es considerado como uno de los filólogos más destacados en la Argentina y en toda Hispanoamérica. En 1946 la Comisión Nacional de Cultura le otorgó el premio Nacional de Filología. Durante treinta años, mantiene su popular programa de radio "Hablemos bien, y escribamos mejor", diálogos que luego serán transcritos en libros editados por el Ministerio de Educación de la República.

Falleció en Buenos Aires el día 30 de julio de 1982. Hoy se le reconoce como gran defensor de la unidad de la lengua española y su obra es objeto de consulta y cita, por su pertinencia, erudición y actualidad, en las cátedras universitarias de Lengua Española, en ambas orillas del Atláqntico.

Su destacado acervo bibliográfico comenzó con la publicación de Artesanía y  prevaricación del castellano: ensayos filológicos,(1931), al que siguieron La función estética del lenguaje, (1932); Lengua, diccionario y estilo, 1938; El idioma de los argentinos y la unidad del castellano (1942); Condenación y defensa de la gramática (1942); Presente y futuro de la lengua española en América, (1943); Problemas del idioma, (1945); Rufino José Cuervo y una evocación de Menéndez Pidal, (1945); Apuntaciones lexicográficas y gramaticales, (1946); Retorno lírico a la Pampa, (1946); Tradición y unidad del idioma: el diccionario y otros ensayos, (1949); Pampa en soledad, (1953); Diálogo argentino de la lengua, (1954); Lengua y gramática: reflexiones sobre el bien hablar y el mal decir, (1955); Cosas del idioma: indagaciones y experiencias, (1959); El escritor y la palabra: apostillas sobre lenguaje y estilo para estudiantes y estudiosos,(1963); Presente y futuro de la lengua española en América; (1964); El prosista y su prosa (1965); Contribución al estudio del español hispano americano: indagaciones lingüísticas, (1965); Rubén Darío: gramática y misterio en su poesía, (1968); Lengua y gramática en la enseñanza, (1969); Combinaciones y componendas del lenguaje, (1972); El castellano de Rubén Darío: idioma y estilo (1972); Escolios al Martín Fierro. Año Hernandiano. (1972); Apuntaciones y correcciones idiomáticas (1977). No se incluyen en este relación, por razones de espacio, los muchos prólogos a ediciones de clásicos españoles, articulos especializados, comunicaciones en distintas jornadas, conferencias, intervenciones en congresos, etc. No he querido, sin embargo, eludir reseñar siquiera sea el título de sus obras para que el lector pueda calibrar por sí mismo el valor y trascendencia de su obra.

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Tags: Avelino Herrero Mayor, gramática, Lengua española, Pehuajo, Apuntaciones, Almeida de Sayago, La Epoca

Publicado por Sayago @ 13:40
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