Jueves, 13 de octubre de 2011


Los viejos, siempre con sus batallitas”, dirá alguno nada más leer el título. Y yo le respondo: “Te aseguro que ésta que voy a contar hoy te va a interesar y no menos a sorprender” Estoy tan convencido de ello que quiero que todos la conozcan y después la sigan contando ellos también a otros, aunque no sean viejos. Pero, además, no se trata propiamente de una batalla, sino de una hazaña, que más bien habría que denominar golpe de mano o celada, como vais a ver.

No sé si os habrá pasado lo mismo a vosotros con vuestros profesores. Pero a mí, ni en la escuela, ni después en el bachiller, mi maestro Casanueva (a quien siempre bendeciré y a cuya memoria reitero desde aquí mi gratitud y rendido afecto por allanarme el camino de los estudios en mi niñez y prender en mi ánimo la curiosidad por la ciencia y el gusto por aprender) nunca me dijo una sola palabra sobre que en la gloriosa gesta nacional española, conocida como Guerra de la Independencia, el año 1809, en los días 21 y 24 de junio, se libraron en Almeida unos gloriosos lances que han quedado escritos para siempre en el amargo dietario de las derrotas de las tropas invasoras francesas. O sea, que en este pueblo que me vio nacer, Almeida de Sayago (no en su homónima Almeida portuguesa, que bien sabemos jugó un papel importante en esa guerra), se infligieron dos derrotas sonadas a las tropas de Napoleón Bonaparte, autoproclamado emperador de los franceses y, a la sazón, dueño de toda Europa continental.

Sobre las derrotas que los guerrilleros españoles y nuestro ejército, aliado con ingleses y portugueses, causaron a los invasores gabachos se ha escrito en abundancia. Pero sobre la Almeida sayaguesa, chitón. Aunque, claro, ni a mí, ni a muchos de vosotros os lo pudo contar nadie, por una razón de esas que solemos decir que son “de cajón”, pues hasta 1999, nadie lo sabía; ni nuestros maestros de pueblo, ni los catedráticos de Historia de la Universidad, ni el sursum corda. Y hoy podemos hablar de ello, merced al hallazgo, por parte de Emilio Becerra de Becerra, quien por casualidad, investigando con otro propósito, halló lo que se conoce como “los papeles de don Julián Sánchez” y que en verdad se trata de un cuaderno titulado Historia del Regimiento de Caballería 1º de Lanceros de Castilla, según los papeles de don Julián Sánchez García “El Charro, reproducido en el libro de que es autor, Hazañas de unos lanceros. Papeles de Julián Sánchez “El Charro”. Diputación Provincial de Salamanca. 1999.

Poco puedo hablar aquí sobre este hombre, para no extenderme demasiado. Pero os invito a conocer su vida y sus hazañas. Nacido del pueblo, sin instrucción ni hidalguía, se entregó por entero a salvar del oprobio y la vergüenza a que sometió a nuestra patria un rey felón y canalla, permitiendo la invasión, expolios, violaciones y asesinatos de un ejército extranjero. Para ello, reunió en torno a él un grupo de patriotas (entre los cuales había un sayagués), gente de las comarcas de Ciudad Rodrígo y Ledesma y, a su capricho, en combate de guerrilla, asestaron duros golpes a los franceses. En la plaza mayor de Salamanca está inmortalizado en uno de sus 59 medallones (el que se muestra en la fotografía de cabecera). Y su gloriosa misión lo mitificó ya en vida, hasta ponerlo en las coplillas populares: "Cuando Don Julián Sánchez/ monta a caballo,/ escapan los franceses/ como del diablo./ Es mi novio un lancero/ de Don Julián,/ si él me quiere a mi mucho,/ yo le quiero a él más./ El corazón me lleva/ puesto en su lanza./ ¡Que vivan los lanceros/ y muera Francia!"

De su puño y letra, en dicho cuaderno, dejó escrito el héroe nacional:

“En 21 de Ydem. (se refiere a junio) en Almeida de Sayago atacó el Brigadier con sus cincuenta lanceros a ciento ochenta y seis dragones, que sin permitirles completar su formación les mató cuarenta y tres, y tomó treinta caballos muertos, en cuya acción que tuvo mucha parte la estratagema, se condujeron con la mayor prudencia y valor los sargentos Ramón Miñambres y Manuel Calderón.

En 24 del mismo, de resultas del anterior encuentro, volvieron al mismo pueblo los enemigos en número de ochocientos de Infantería y doscientos caballos, con dos cañones procedentes de Zamora, adonde se habían replegado los anteriores, y habiéndose reunido a don Julián Sánchez  el Comandante Saornil con cien caballos, persiguieron a las avanzadas francesas, haciéndolas retirar precipitadamente hasta el pueblo, matándoles en su huida siete hombres y tomando cinco caballos.” (Op. Cit. Pág. 139)

Ahora ya escrito está. Así quedarán perpetuadas estas hazañas en la historia de nuestro pueblo para orgullo de los almeidenses de los tiempos presentes y venideros.

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Publicado por Sayago @ 14:22
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