Lunes, 09 de enero de 2012

En aquel hule que compró mi padre en Zamora (1948) estaba dibujado el mapa de la península Ibérica. En la camilla en la que comíamos y en la que nos sentábamos al brasero en los inviernos, aquel hule exhibía la imagen cartográfica de nuestra patria y de Portugal.

La España de los años cuarenta estaba allí dibujada con unos colorines que la gris realidad de la postguerra desmentía —según pude saber después—, en la vida ordinaria de las ciudades y pueblos que en él figuraban. Pero el hule sirvió para que mi hermana y yo aprendiéramos geografía, jugando a ver quien encontraba primero la localidad, río, isla o cabo que se nos indicaba, por el procedimiento de advertirnos si donde señalábamos con nuestros dedos era “frio” (cerca) o “caliente”  (lejos) respecto al lugar a encontrar. El mismo procedimiento del juego de la bigarda. Así nos divertíamos y aprendíamos al mismo tiempo.

Habría mucho que hablar sobre aquel hule, que duró tantos años que emigró con  nosotros a Salamanca (1955), y cuando yo me casé (1965), aún perduraba. Claro que fue cuidado con mucho esmero siempre. Nunca se dobló para guardarlo. Después de las comidas, ya limpio y seco, se enrollaba sobre un palo de escoba y se colocaba detrás de la puerta de la despensa. Como veis, en mis recuerdos ha durado hasta hoy y así, enrollado en el palo de mi biografía, esta guardado ahora detrás de la puerta de la memoria de mi infancia.

Pero he de deciros que hay algo que nunca perdoné al autor del mapa de España de aquel hule: ¡Se olvidó de incluir a nuestro pueblo! Almeida de Sayago no figuraba en el lugar que le correspondía, en el Reino de León, provincia de Zamora. Pero, en cuanto yo supe, sobre poco más o menos, sus coordenadas, entre Ledesma y Bermillo, con un bolígrafo de indeleble tinta azul, marqué un punto gordo y el nombre de mi pueblo, corrigiendo la plana al despistado cartógrafo incompetente. Y, desde entonces, tengo una norma para evaluar los mapas: son buenos los que incluyen a mi pueblo y malos los que eluden mencionarlo. En esto soy sectario e intransigente; sí, no me importa confesarlo.

Fiel a este principio, en sentido contrario, me corresponde hablar bien de Tomás López de Vargas Machuca (1731-1802), geógrafo de los dominios de su Majestad el Rey Carlos III, quien le puso al frente del Real Gabinete de Geografía del reino en 1761. Nos refiere H. Gimeno Pascual que “con el respaldo de la Corona decidió dirigir un cuestionario a las autoridades eclesiásticas solicitando datos relativos a sus diócesis y parroquias —entre ellos los referentes a toponimia y vestigios de antigüedad—, que servirían para la confección de un Diccionario Histórico-Geográfico de España, el cual serviría de complemento a los mapas confeccionados por él. En esta empresa no partía de cero: además de la información que le proporcionaron mapas anteriores, había habido un precedente similar en época de Felipe II, las Relaciones Topográficas que ya habían incluido unas preguntas dirigidas a las autoridades de los pueblos a las que Tomás López, también académico, tuvo acceso gracias a su colaboración en el Diccionario Geográfico-Histórico de España, proyecto iniciado por la Academia de la Historia en 1766” (obra inconclusa, de la que sólo se publicaron dos tomos) y para el que se habían enviado a la Academia las Relaciones, para copiar el contenido existente. Además pudo contar también con las Respuestas del Catastro del marqués de la Ensenada (1749). Pero, la obra de Tomás López ni se concluyó ni llegó a  publicarse. Eso sí, generó una enorme y muy valiosa documentación, que se conserva manuscrita en varios legajos en la Biblioteca Nacional de España.

Fuera copiado de la primera obra de referencia (S. XVI) o bien fuera dibujado expresamente para la segunda (S. XVIII), ya sabemos a quien tenemos que agradecer el primer mapa de Almeida, hasta ahora conocido. Y, también, (no sería justo dejarlo en el olvido, pues no todos los curas respondieron al cuestionario real y por ello no se culminó el trabajo) nuestra gratitud  para el buen párroco de aquel entonces que, como se puede ver, situó a Almeida en el centro del “territorio de Sayago”, al que denomina “una especie de isla” en la que se asientan “52 aldeas”. Entre todas ellas, nuestro pueblo que, para el clérigo titular de nuestra parroquia, debía de ser considerado como la capital de la comarca.

De todo ello da fe el mapa aludido, que arriba os ofrezco, reproducción genuina del original, sin retoque alguno. Tanta alegría me dio descubrirlo, como ahora me proporciona el poder compartir el hallazgo con vosotros. Tomadlo, queridos paisanos, como mi regalo del Año Nuevo.

 


Tags: mapa de Almeida, mapa de España, bigarda, Sayago, hule con mapa de España, Reino de León, despensa

Publicado por Sayago @ 17:13
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