Mi?rcoles, 01 de febrero de 2012


Esta hermosa historia comienza en 1814 y termina en 1890. Dura 76 años. Los que Dios quiso que viviera su protagonista.

Esta hermosa y, hasta ahora,  poco o nada conocida historia comienza en Almeida de Sayago y acaba en Manila (Filipinas). Es muy conveniente contarla y que sea ampliamente difundida, ahora que los buenos ejemplos se airean tan poco en los media y los vicios muchísimo, para desgracia de todos.

Esta ejemplar y hermosa historia es la edificante y admirable epopeya de un paisano nuestro, de cuya vida y trabajos ha de quedar memoria, pues, además de lo ya dicho, ha de servir para edificación de unos, para admiración de otros y de sano orgullo para todos los que tenemos la fortuna de poder llamarlo paisano.

Se trata de Antonio Vicente Herrero, nacido en Almeida el 26 de abril de 1814. Un muchachote que, a sus 19 años, el 8 de noviembre de 1833, profesó en el convento dominico de San Esteban de Salamanca. Pero, dos años después, en julio de 1835, la Real Orden de Exclaustración Eclesiástica y primera confiscación de los bienes eclesiásticos, dictada en el contexto de la revolución liberal española, obligó a los frailes a abandonar su convento, requisado para cuartel y museo provincial.

El historiador P. Manuel Herrero en su obra Historia de la Provincia de España, cuanta mejor que nadie cuán dolorosos fueron aquellos días, porque le tocó vivirlos en primera persona: “El año de 1835, día de San Bernardo, se nos comunicó la orden del Jefe Político (un tal Cambronero) para que dentro de veinticuatro horas saliésemos del convento. ¡Qué trago tan amargo! ¡Qué lagrimas! ¡Qué trastornos! ¡Cuántas pérdidas!”

Aprobados, previo examen, sus estudios eclesiásticos realizados en Salamanca, fuera de la Orden, nuestro paisano fue ordenado sacerdote y se alistó como misionero para la Provincia del Rosario (Filipinas). Embarcó en Cádiz en la fragata “Arispe” en agosto de 1843 y llegó a Manila a los cinco meses, en enero de 1844. ¡Vaya viajecito! Y de allí hubo de partir para Batanes, destinado al ministerio misionero como Vicario de la casa de San Vicente de Sabtang.

Sobre el archipiélago de las Islas Batanes, el P. Fray Rafael Carpintero O. P., mi comunicante en Filipinas, a quien le hago presente mi agradecimiento por su inestimable ayuda, me contó lo siguiente: “Estas islas están situadas en el extremo Norte del archipiélago Filipino. Difícil es llegar a ellas, incluso ahora. Se pueden alcanzar desde Manila por avión (Manila-Basco) y de allí, unos 15 kilómetrospor tierra para poder pasar a Sabtang en barca, ahora con motor, entonces a vela y remo…” También me confesó que había vivido trece años allí, en la casa que construyó el P. Vicente, cuya memoria se venera aún en aquellas tierras.

Sabtang está situada al Sur de la isla más importante, Batán, en la que se asienta la capital de la provincia, que recibió su nombre del gobernador José Basco y Vargas, que fue quien puso el archipiélago bajo jurisdicción de la Corona española, en 1782.

Cuando el sacerdote sayagués llegó a Sabtang, hacía bien poco que había sido repoblada con seiscientos ibatanes, para los que se habían edificado poblados en la llanura, manteniéndose en las montañas los sabteños nativos, que hasta el momento se habían mostrado rebeldes a la acción civilizadora de los españoles, oponiéndose por la fuerza a la gobernación y a la evangelización de la isla. Tras apaciguar estas acometidas, el Gobernador notificó a los Dominicos la nueva situación y les pidió que establecieran allí una misión. En el Capítulo Provincial de 1845, los frailes aprobaron el establecimiento de la misión en Sabtang, bajo el patrocinio de San Vicente Ferrer, nombrando primer Vicario al P. Antonio Vicente, llegado a Filipinas el año anterior. Con enorme ilusión comenzó esta tarea el buen fraile que, partiendo de la nada, hubo de comenzar por edificar una iglesia, el convento, el tribunal (ayuntamiento), las escuelas de ambos sexos y un Beaterio de mujeres terciarias de la Orden. Sólidos edificios de mampostería que aún hoy se conservan en buen estado, como puede apreciarse en la fotografía actual de la parroquia San Vicente (arriba), en cuyo muro de fachada aparece una inscripción en lengua nativa, en la que se agradece a los frailes su tributo, mencionando sus nombres, entre ellos el de nuestro ilustre paisano.

Durante dieciocho años ejerció su ministerio el P. Vicente en Sabtang. Desplegó un gran dinamismo y aprendió muy bien el dialecto de los nativos, al que tradujo el Catecismo explicado (bilingüe, español e ibatán) y El mes del Rosario. En la obra Misioneros Dominicos en el Extremo Oriente 1836-1940 de la son autores Hilario Ocio, Eladio Neira, Gregorio Arnáiz (Life Today Publications. Manila, 2000) se dice de él  que era de carácter alegre, dulce y simpático y tan perito y elegante en el idioma de aquellos isleños como celoso en el cumplimiento de su ministerio, era infatigable en la predicación y catequesis.”

En l863 fue trasladado a Basco, donde tuvo que rehabilitar la iglesia y convento devorados por las llamas en 1860. En la capital de la provincia estableció la Venerable Orden Tercera (Laicado Dominicano), fundó las cofradías del Rosario y Santo Niño, y más adelante la asociación de la Guardia de Honor de María, tomando para si mismo la hora de vela menos cómoda, con el fin de excitar más a sus feligreses al ejercicio y práctica de la virtud, sin omitir la obligada visita diaria al Santísimo. Pasó 21 años en Basco, y durante varios de ellos fue también Vicario provincial de la misión (1863-1874), y, por algún tiempo, Gobernador civil interino de aquella provincia. El 15 de mayo de1884 fue asignado al convento de Santo Domingo de Manila, donde, después de edificar a todos con sus virtudes, especialmente con su humildad y sencillez encantadoras, que le hacían sobremanera amable, falleció de un cáncer en la mejilla izquierda el 22 de febrero de 1890, alos 76 años. Figura por derecho propio entre los grandes y abnegados misioneros que han ejercido su ministerio en las antiguas posesiones españolas de Filipinas.

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Publicado por Sayago @ 15:55
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