Domingo, 24 de junio de 2012


El 24 de junio de 1949 fue la última vez que se llevó a cabo en Almeida  el baño de las vacas. En el “Caozo Oscuro”. Al alba. Del modo y manera que imponía la costumbre ancestral. Es decir: empuntándolas, una tras otra, desde la carretera de Zamora, por la pina calleja que baja hasta el cadozo, entre la tapia de un huertico y una peña. Tras saltar la hoguera tradicional en la plaza y poner los ramos en las ventanas de novias y cortejadas, los mozos ornaban con guirnaldas de flores y grandes cencerros a las mejores reses y al amanecer las obligaban a atravesar a nado la rivera. Nadaban las vacas. Ellos, asidos al rabo, se dejaban llevar. Algunos, no sabiendo nadar, tomaban excesivo riesgo. La gente allí congregada gritaba a estos imprudentes, intentando hacerles desistir de tan temeraria osadía. Pero, pensaban ellos que con su pericia y un poco de suerte la fiesta había de concluir como es debido. De hecho, había que remontarse hasta el año 1942 para recordar una desgracia. Un muchacho de 13 años, hijo de unos trilleros de Cantalejo, venidos a la feria de San Juan con su mercancía, murió ahogado.

Pocos años después, este 24 de junio de 1949, el mozo Jose Vicente Martín Herrero, de 28 años, a quien apodaban “Paredano” por venir de la dehesa de Paredes, se lanzó al agua desde la peña y, la espera de su aparición en la superficie del agua, tras su inmersión en el cadozo, se hizo eterna. Los espectadores intuyeron pronto la tragedia. Todos los ojos de los presentes buscaban ansiosos algún signo de vida en la oscuridad tenebrosa de lo que ya era una fosa líquida. El silencio era denso e inquietante, las gentes se miraban y contenían la respiración, expectantes. Quieta el agua, lisa como una losa su superficie certificó la gravidez absoluta de la muerte allá en el fondo. Ni un remolino, nada se movía. El muchacho se había ahogado. Se escucharon sollozos y gritos de dolor de los presentes y, pronto, la noticia dejó al pueblo sumido en el silencio y la congoja del luto.

Llegó la guardia civil. También, el Juez. A una cañiza, Antonio y Pedro, los hijos de Segundo Dolores, ataron unos fardos de corcho para convertirla en barca y, con un garfio atado a una cuerda, rastrearon el cadozo hasta enganchar el cadáver y sacarlo a la superficie. Pasó mucho rato hasta que dieron con él. Las campanas de la iglesia se pusieron a encordar, cambiando el repicar de la fiesta del Patrón de nuestra parroquia por el fúnebre lamento del toque de difuntos. Duelo en vez de jolgorio hubo aquel año en San Juan.

Dos muertos en siete años, se consideró motivo suficiente para prohibir el tradicional festejo. Le correspondió firmar la orden al entonces alcalde Felipe Romero, “Felipe el ebanista”. Y, desde entonces, ya nunca más. El baño de las vacas solo es historia para las últimas generaciones de almeidenses. Las venideras ya ni siquiera podrán escucharlo de boca de sus abuelos.

Hasta 1881 este rito de purificación de ganados y personas, cuyo origen se pierde en los más remotos tiempos, se realizaba en los Hervideros de San Vicente. El manantial hasta esa fecha permaneció abierto y daba origen a una poza con abundante extensión y profundidad. Es Ramón Carnero quien aporta este dato en su obra Sayago… al otro lado de la leyenda (1996). Citando el libro de actas de sesiones del Ayuntamiento de Almeida, dice: El manantial del balneario fue cubierto en 1881 para evitar posibles riesgos a la salud pública ­—según las autoridades del momento— ya que al tratarse de un simple pozo­­, y puesto que sirve para beber, se bañan en él tanto animales como personas. Por eso, el 18 de julio de dicho año, la Corporación Municipal acordó colocarle una gran lápida y un caño para que el agua fuera a una pila, que también fue colocada en aquellas fechas, para que sirviera para bañarse y a la vez servir de bebedero a las haciendas.

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Tags: Bañar las vacas, San Juan, Cadozo, Paredes, dehesa, mozos, fiesta

Publicado por Sayago @ 12:15
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Publicado por [email protected]
Lunes, 25 de junio de 2012 | 12:33

Es imprescindible que alguien cuente la historia, la historia de Almeida y rememore las actividades y costumbres, quizá algún día se vuelva a retomar. Muchas gracias por el precio texto.