Mi?rcoles, 11 de julio de 2012


¡Ojalá ahora se pusiera de moda Justo Alejo! Quiero decir que la gente se acercara a su obra literaria y lo leyera. Que los jóvenes sayagueses supieran de la valía, lucidez y compromiso de su paisano de Formariz. De su lucha, de su amor por nuestra tierra y sus gentes, de su entrega hasta la muerte por la libertad y la justicia… Una pena que no se explique todo esto en las escuelas, en los institutos de Sayago, en los centros culturales de los pueblos. Justo sería proponerlo como modelo, como referente, a una juventud entumecida y anestesiada, sin ideales, sin deseos de superación. Verdad es que a él no le gustaría este papel, pero bastaría para convencerlo indicarle que sería bueno para el porvenir de Sayago.

Si para esto sirviera el justo homenaje que sus paisanos le van a atributar el 12 de agosto de 2012 en su pueblo natal, el logro conseguido ya sería un hito. Pero además servirá para que se le conozca, se hable de él y se reconozcan en todo el orbe cultural hispánico (como mínimo) los sobrados méritos que le acreditan como un gran escritor y poeta de primera línea. Lo es desde siempre; pero a los de aquí, olvidados y solos, todo nos cuesta más que a los bien situados y con padrinos. Bien lo sabemos.

En este homenaje todo Sayago debe participar. Justo Alejo es ya de todos y de nadie. Es de esta tierra y es de la Humanidad entera. Ha alcanzado la libertad de los que con el fulgor de su inspiración dan luz, fuerza, consuelo, ardor, hechizo, juicio y dignidad a la especie humana.  Id a las páginas de cualquiera de sus libros y lo comprobareis. Para todos tendrá una palabra: “Apelo al triste/y al cargante/y al sabihondo/y a la criada boba que canta en la mañana coplas vulgares/y apelo al cura/y al monje/y al zen y al musulmán/al vecino panadero/y a la vieja oscura./Y al espritista rezagado/y al violinista loco/y al payaso emocionante./Apelo a las queridas,/a las buenas y a las malas,/y al pobre hijo de perra/y a la rata con manos/que vive de pan duro,/al que no termina el pollo/y a todos lo que necesitamos/la redención de las lágrimas./Hermanos en mares/hermanos del mundo,/en marcha, en marcha./A través de llanuras/ascensión humo, ascensión aire,/a través de rascacielos,/a través del asfalto de las manos inmensas./En masa, en masa./¡Hermanos de beso,/abrazados, en marcha!” Sí, en marcha para husmear en sus páginas: Hay una palabra para cada uno. Una palabra iluminada. Una palabra que os pondrá el alma y el corazón de puntillas. Una palabra, blanda o dura, pero que hará reverdecer los agostados brotes de vuestra condición de ser humano, con sentido de la dignidad y del libre albedrío. Valientes frente a la manipulación y la opresión de los agentes alienadores del pensamiento único. ¡Es justo y necesario!

De lo mucho que se puede decir de su obra —ya han escrito sobre ella toda un élite de críticos y expertos: Víctor García de la Concha, Guadalupe Grande, José Miguel Ullán, Francisco Pino, Javier Goñi, Rosa Chacel, Clara Janés, Carlos Frübeck— yo me conformo con destacar el sustrato sayagués de su lenguaje. Y lo haré con palabras ya dichas, en el capítulo que le dedico en mi libro Mítico Sayago (Bubok, 2008): “De su obra, aquí, señalaré con absoluta prioridad el “sayaguesismo” imperante. De principio a fin. En cada uno de los versos de todos los poemas, podría decirse, está, latente o patente, Sayago. Presencia que no todos los lectores habrán de captar, pero que no se nos oculta a sus paisanos, por fortuna. Al leer a Justo, se nos dibuja el paisaje de nuestra tierra, nítida y amorosamente. Fuentes, peñas, veredas, navas, robles, cortinas, riveras, prados... El laboreo y las cosechas; los olores y sabores; las fiestas, la escuela, los rezos... La matanza, las escaseces, las eras, la emigración, los duelos... Nuestras Romerías y Ofertorios, campanas, tamboril y flauta. De todo ello saca el poeta imágenes impactantes, metáforas sorprendentes, palabras renovadas. Y todas identificables como de nuestro lenguaje, familiares y domésticas.  ¿Puro casticismo? ¿Color local?  En absoluto. Estamos ante un poeta innovador y creativo, investigador del lenguaje, de la imagen poética, del ritmo interno del verso y del poema... Nos hallamos ante una fuerza creadora de múltiples matices expresivos y finos registros de sensibilidad y resonancia líricas... ¡Hasta las más manidas voces o palabras las re-crea Justo Alejo haciéndolas sonar o aparecer escritas absolutamente reinventadas y trascendiendo su entidad gramatical o su grafía para sugerir nuevos significados!”

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Tags: Justo Alejo, Alaciar, Formariz de Sayago, poeta sayagués, poesía, poesía en la escuela, autenticidad

Publicado por Sayago @ 9:44
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