Lunes, 04 de marzo de 2013


Siglos atrás, Almeida contaba con un hospital de pobres del que hasta el momento no se ha podido averiguar su ubicación. Su existencia, sin embargo, es cierta y está suficientemente acreditada, como veremos luego, gracias a las muy importantes investigaciones que en su día efectuó Ramón M. Carnero Felipe (Pereluela, 1954), a quien quiero dedicar unos párrafos, antes de entrar en materia.

Vaya por delante la salvedad de que si bien siento por él enorme admiración, no se puede decir que mantengamos una relación de gran amistad, a buen seguro porque la vida no nos ha facilitado la proximidad y el trato asiduo, pues en lo esencial -el amor a Sayago- compartimos posiciones parejas y sólidas. Mas, por encima de todo, celebro su entrega desinteresa y voluntad inquebrantable reputadas por su labor meritísima e impagable de investigación histórica, para descubrir y dar a conocer nuestras raíces y el legado etnográfico de nuestra comarca y de nuestros pueblos. Su obra, al día de hoy, comprende 15 libros sobre esta temática; el primero Historia, leyendas y costumbres de Pereruela de Sayago (1980) y el último La alfarería de Pereruela a lo largo de su historia (2010), por una coincidencia, ambos sobre temas referidos a su pueblo natal. Pero ahí están también, la tan bien documentada e imprescindible trilogía sobre Sayago, compuesta por Sayago al otro lado de la leyenda (1985), La otra historia de Sayago I (1988) y II (1991), destacando entre el resto. Todos ellos editados por cuenta propia con la exigua ayuda de las poquísimas aportaciones pecuniarias que ha podido allegar de empresas particulares y rara vez de algún organismo oficial ¡¡portugués!!.

No puedo mencionar aquí, por razones obvias, los cientos de artículos de los que es autor, publicados durante años en la prensa diaria, en revistas y anuarios culturales; las decenas de conferencias y charlas en pueblos y ciudades, en centros culturales de Zamora, Salamanca, Madrid, etc., en colegios y en programas de radio; ponente en algún congreso nacional sobre cerámica y fundador y director del grupo de canción tradicional “Los Oriles” (antes “Indale Serano"), cuyo objetivo es recoger y difundir las canciones tradicionales de las tierras sayaguesas, labor que lleva a cabo desde 2006 en multitud de conciertos. Ah!, también la recuperación de la Vaca Antrueja de Pereluela y su inclusión en las Mascaradas Ibéricas, en cuyos programas participa activa y personalmente.

En la actualidad tiene su puesto de trabajo en el Balneario y se preocupa de impartir una charla-presentación audiovisual difundiendo la cultura y recursos históricos, paisajísticos, turísticos, etc. de Sayago para que cada uno de los grupos que allí se hospedan pueda seleccionar con criterio sus visitas y recorridos por la comarca. Siempre encomiando nuestra tierra y barriendo para casa.

Bueno, pues por tan prolija y encomiable actividad en pro de lo sayagués, por propia iniciativa y a su costa, del Sayago oficial no ha recibido Carnero más que un injusto e ingrato desprecio. Ninguno antes que sus libros debería haber sido editado por el antiguo PRODER o la actual ADERISA que, no se sabe con qué criterio, no han sacado a la luz, exceptuando las obras de Juan A. Panero, más que inútiles y raquíticas naderías sin rigor intelectual y bochornosa insolvencia de autoría. No ha alcanzado quien más se lo merecía, por oscuras razones, a que el caciquil dedo que en aquellos ámbitos señala a sus elegidos, le concediera méritos suficientes para subvencionar ni una sola obra suya, cuando si la edición se hubiera decidido por concurso de méritos, hubiera estado el primero de la lista.

Socialmente, la ingratitud es igualmente notoria, aunque ejercida con la proverbial sutileza de los mezquinos. Ramón es un erudito hecho a sí mismo. No tiene un título universitario, pero ahí está su obra que le acredita y habla de su talento, dedicación, rigor intelectual y valía. Lo avala la muy abundante e importantísima obra que acabamos de mencionar sucintamente. Lo han reconocido intelectuales y catedráticos universitarios de la talla de Rodríguez Pascual, Hermino Ramos, Amando de Miguel, Herminio Augusto Bernardo y Judit Cohen, entre otros. Pero por el hecho de no tener un título universitario, los endiosados que lo exhiben enmarcado en el salón de su casa, lo consideran indigno de reconocimiento y respeto en su faceta intelectual. Vacuos y pretenciosos, descalifican su obra, la mayoría de ellos sin haber leído ni siquiera una línea de sus escritos, evidenciando por sí solos su cortedad y vileza.

A Almeida la sitúa en el segundo lugar en sus trabajos, tras su Pereruela natal, como es lógico. Ha dedicado a nuestro pueblo un extenso número de páginas en sus libros y monografías de especial relevancia histórica. De entre ellas citaré La parroquia de San Juan Bautista de Almeida (1987); La privatización de la tierra en Almeida de Sayago durante el siglo XIX, dentro del Anuario 1985, Instituto de Estudios Zamoranos “Florián Docampo” y La Industria corcho-taponera en Almeida de Sayago, en la revista El Filandar. Nº 8, 1996, además de los muchos artículos en prensa sobre costumbres, ritos, monumentos, etc. de nuestro pueblo. El dolmen, el baile de la bandera, la vaca bayona, las águedas, p.e.

En 1979, a sus veinticinco años, pide un permiso especial en el Obispado de Zamora para poder consultar los archivos parroquiales de nuestro pueblo. Por medio de una amistad contactó con Teófilo Moralejo, en Formariz, que le recomendó visitar a Juan Antonio Panero para que el entonces cura párroco, Bonifacio Fernández, le facilitara las cosas. Todos los sábados del gélido invierno de aquel año, desplazándose en su coche y a su cuenta desde Zamora, acudía a Almeida y se encerraba en la habitación que había entrando a mano derecha en la antigua vicaría y, arrecido y “engariñido”, consulta durante horas los libros parroquiales de la antigüedad. Pero llegaba un momento en que le era imposible seguir, por los síntomas de inanición que le producía el insoportable helor. Para despedirse, tocaba la puerta del despachito de enfrente, en el que el cura apoltronado a la camilla, bajo cuyas faldillas de felpa el rescoldo amoroso de un brasero preconizaba que en días así hasta los clérigos son más partidarios del infierno que de la gloria, a su cortés adiós respondía displicente, sin levantarse para no pasar frío.

Pues bien, de aquellas sus sacrificadas investigaciones sobre la historia de Almeida salieron las que hacen referencia a nuestro protagonista de hoy: El Hospital de Pobres.

No quedan restos de él, porque sin duda era una muy humilde y precaria construcción que no ha resistido el paso del tiempo. Por ello no es posible determinar dónde estuvo situado. Lo que sí sabemos es que dependió de la Iglesia y que fueron las cofradías parroquiales las que se encargaron de mantenerlo hasta cuando les fue posible. Por lo demás, es obvio que no era más que un refugio elemental para dar cobijo a enfermos desprotegidos, peregrinos y transeúntes sin recursos, con no más de un par de camastros en dos dependencias separadas, una para mujeres y otra para hombres, en las que los sanos por ningún concepto podían permanecer más de tres días. Y poco más se puede decir, salvo las citas que a él se refieren, sacadas por Carnero de los Libros de Fábrica y Visitas de los archivos parroquiales y publicadas en la obra ya citada sobre la iglesia de Almeida. Éstas son, por orden cronológico, en su grafía arcaica original:

Primera.- “Otrosí visitando el hospital de este lugar hallo que no hay orden ni hospitalidad que combiene y queda al cargo de la cofradía y los cofrades de san Sebastián de este lugar a quien mando el señor visitador tengan mucho cuidado con la limpieza y guarda de la ropa faciendo que de tiempo en tiempo la saquen al aire y cada vez cuando se nombrare mayordomo le entreguen la ropa por ymbentario asentándolo en el libro de la cofradía como su mrd. lo dijo.

Otrosí mando que dentro de ocho días fagan dos camas de madera o con tabla fijas en el suelo y en la pared para cuando se ofreciere algún enfermo y lo cumplan so pena de excomunión.

Otrosí mando a  los dichos mayordomos y cofrades tengan cuidado de tener en el dicho hospital los portales que tengan bien abiertos y barridos para recoger a los pobres y que tengan dos puertas en los aposentos apartados, su mrd. mostró a los cofrades que para que en el uno se recojan los hombres y en el otro las mujeres y no consientan luminaria y que duerman juntos los hombres y mujeres aunque digan que son marido y mujer.

Otrosí mando a los testamentarios de los dichos difuntos que hubiere en este lugar que luego que mueran los tales que fácense testamentarios y manden alguna ropa o dinero al hospital, acudan luego al mayordomo del dicho ospital a dar la buena noticia de lo que le manden y lo que ha de cobrar y aga que el cura se lo ponga apormemoria en el libro para que a cada visita se pueda mejor saber la hacienda de dicho hospital”. AHDA. A de S. Sig. 162. -II- 1 (27). Libro de fábrica y visitas, 1588-1638) Visita del año 1609. Folio 92 y 93 vtº.

Segunda.- “Otrosí visitando el hospital de pobres deste lugar lo allé maltratado y sin aposentos donde albergar ni camas ni ropas; se manda a los cofrades de la cofradía de san Sebastián y san Roque según ordenanzas cada cofrade al morir entregue una manta a dicho hospital y que en término de dos meses se hagan apartamentos donde albergar a los hombres y las mujeres lo hagan con acuerdo del cura y a costa de las limosnas que tienen so pena de cuatro ducados.” AHDA. Ibidem. Visita del año 1621. Folio 152.

Tercera.- “Yten mando su Yllm. Por cuanto en este lugar se hallan unas casas de muchos años a esta parte fueron destinadas a hospital de pobres y en dicho tiempo no se ha usado de suyo en este ministerio a causa de no tener cosa alguna ni mantas ni sábanas ni colchones de que se reconoce se arruinan con brevedad y quedarán sin provecho alguno por tanto su Illmª  desde luego las aplicó a la cofradía de las Ánimas de este lugar para que las utilice como cosa propia que para ello interponía e interpuso a los cofrades en su conservación…” ADHA. Ibidem. Visita del año 1691.

Finalmente una referencia complementaria que aparecen en el Catastro de Ensenada (1749-1753), nos da noticia de los pobres que a mediados del S. XVIII había en Almeida: “Hay 6 pobres de solemnidad que se mantienen solo de limosna: Sebastiana con 1 hija, Angela Ramos con 2 hijos, Sebastiana Pérez con una hija, Josepha Vaquero con 1 hija, Juana Aparicio con 1 hija, María Borrego.” Y en otro lugar hace mención del hospital, confirmando que el traspaso ordenado en la anterior cita fue cumplio debidamente: “Hizo que se agregaran unas casa que servían de hospital con título de San Roque a la cofradía de las ánimas de Purgatorio.” AHPZ. Catastro de Ensenada. Sig. 49.

Es todo lo que hasta la fecha sabemos y, para conocimiento general, aquí queda expuesto.

(NOTA: Ya escrito lo anterior, conozco la noticia de que la Corporación municipal de Pereruela ha nombrado Cronista oficial, sin haberes, a Ramón M. Carnero. Algo es algo. Me congratulo)

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Tags: Ramón M. Carnero Felipe, Pereluela, Ánimas, San Roque, Balneario de Almeida, PRODER, ADERISA

Publicado por Sayago @ 15:35
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