Mi?rcoles, 01 de mayo de 2013


Se ríen de mí y en sus adentros me tachan de loco, los que me ven tumbarme sobre las peñas, sin comprender que al ser un bloque errante desgajado, cuando estoy en la tierra que me dio el ser, he de comprobar que mi cuerpo y mi alma se siguen ajustando al hueco que dejé vació al desprenderme. Tengo que asegurarme que los choques y golpes de toda una vida rodando por el mundo, no han desfigurado ni los vértices ni las caras ni las aristas genuinas de mi poliédrica identidad de almeidense. Y una vez comprobado que aún encajo, seguro de mi yo —de mi esencia y existencia—, me abandono puerilmente para, en el abrazo de la madre tierra, no impedir que su fuerza telúrica recargue con su fluido vital mi naturaleza agredida y maltrecha. Después…, pletórico, colmado de la savia magmática de la matriz de la tierra que me parió, me nutrió, me domesticó y me hizo humano; así, ya recobradas las hechuras de mi identidad auténtica, despojado de las caretas y mentiras de los convencionalismo que la moderna sociedad impone para sobrevivir, con esa alegría virgen de sentirme puro ante los chupamieles y las genistas en flor, cobra de nuevo sentido pleno mi vida y vuelvo a ser el niño que admirado y perplejo estrena el mundo. Ser consciente de este renacer…, ¡qué sensación de vitalidad; única, colmada e irrepetible!

Estoy en el paraje de Valdevalagares, uno entre los muchos que tiene Almeida donde la caprichosa acción de la Naturaleza nos ha regalado una maravillosa e increíble gliptoteca. Después del obligado rito de purificación, que he referido en el anterior párrafo, hoy consumado bajo el rotundo y singular baldaquino del bolo de su cumbre (en la fotografía), miro a mi alrededor y me quedo embelesado contemplando tan bello y original conjunto de esculturas, en el más espléndido museo al aire libre que darse pueda.

¿A quién se le ocurrió decir que la Naturaleza imita al Arte? ¿A Oscar Wilde? Pues yo le digo a usted, señor dandy dublinés, esteticista amanerado, que se levante de su tumba y venga aquí, suba nuestra rivera de Belén arriba (por esta margen derecha o por la izquierda) y verá tales maravillas de aquí hasta el puente del Batán que le dejarán patidifuso, además de quitarle esas tonterías de la cabeza. Le diré más: En mis estancias en Londres, he dedicado muchas horas, admirando la extraordinarias colecciones de esculturas asiria, egipcia y griega que alberga el Museo Británico (arrampladas a sus países de origen, dicho sea de paso); lo mismo he hecho en París, en el Louvre y el Museo Rodin o en Madrid, con la exposición de Fernando Botero en el paseo de Recoletos, años atrás, o en San Sebastián, en el Chillida-Leku y etc. etc., para no aburrir ni pecar de petulante… Pues, escuche, amigo: Nada de todo eso supera en arte y en belleza a las peñas que en los pagos que le cito, en mi pueblo, exhibe la madre Naturaleza, como podrá comprobar.  Formas, composiciones, texturas, colores, contrastes, matices, armonías… ¿A qué artista podría ocurrírsele tamaña originalidad? Aquí el Arte total en estado puro, la fuente Áurea de la inspiración. Conque, ya puede ir dándole la vuelta a la frasecita célebre, mister. ¿Estamos?

Es así. Estas esculturas las ha modelado la misma mano de Dios, mediante la orogenia, la erosión, la acción del tiempo… Bolos graníticos, peñas zafadas, peñas caballeras, bolos sobre plinto, peñas encastilladas, sestiles, peñas de las que brota música, etc. en los berrocales de la Campana y del Pilo; atravesando la rivera Peña el Águila, la más alta y representativa.

Y ahora la primavera adorna este museo con flores, árboles, céspedes y arbustos. Ponen la música ambiental pájaros y avecillas con los trinos de sus deleitosos cantos, acompasados a veces con el sonoro correr del agua que no cesa de proclamar la vida a borbotones. Se hace sentir el fresco aroma de cantuesos y tomillos florecidos entre el oro estallado de los jaramagos o la púrpura de  las clavelinas. La cúpula redonda y completa de este recinto es un luminoso cielo azul que destila el sosiego más apacible y primoroso. Y del vuelo de la imaginación…, se puede contar y no acabar, si dejamos en total libertad al niño que todos llevamos dentro. ¿Qué más arte que éste puede haber? Todos los sentidos regalados, sensaciones sumamente placenteras, se purifican alma y cuerpo, todo es belleza y plenitud, se sueña con hechizos, con hazañas, con quimeras…

Ven a disfrutarlo y exclamarás: “¡¿Dónde mejor?!”

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Tags: granito, rivera de Belen, genista, piedra caballera, bolo, museo, gozada

Publicado por Sayago @ 17:45
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