Lunes, 03 de junio de 2013


Las referencias a nuestro pueblo en los libros vienen de antiguo y son relativamente abundantes, aunque para muchos hayan pasado desapercibidas. Puede llamar la atención que así sea, considerando que Almeida ni siquiera tuvo la categoría de pueblo hasta bien entrado el S. XIX. Hasta entonces fue simplemente un “lugar”, es decir, una aldea con término jurisdiccional propio pero dependiendo administrativamente de otro municipio.

Por lo tanto, cabe preguntarse: ¿Entonces, por qué aparece en los libros y diccionarios en mayor medida que otros pueblos y villas de mayor importancia? Por dos razones fundamentales: Una es el manantial de los Hervideros de San Vicente y la otra, el santuario megalítico en torno al dolmen del Casal del Gato. Ambas entidades, cada una en su categoría, la primera en la Hidrología Médica y la segunda en la Historia Antigua, han suscitado el interés de los eruditos en estas especialidades y, en consecuencia, Almeida ha figurado en los manuales de estudio y en tratados especializados de ambas materias. Libros, por tanto, no al alcance de todo el mundo y localizados en bibliotecas nacionales universitarias, ateneos, reales academias, etc.

No es el caso de publicar aquí la lista bibliográfica, por la consideración y respeto que me merecen mis lectores, además de por innecesario, porque el primero de mis inamovibles principios (o manías) de escritor es deleitar y no aburrir a quien tiene la deferencia de leerme. Cuando el tema lo exija, ya habrá lugar para irlos detallando o citando debidamente, si viene a cuento. Sobre ello he de volver aquí, dando continuación a esta materia en varios capítulos. Don´t worry.

Hoy quiero referirme a la única obra impresa, hasta el presente, cuyo contenido está dedicado íntegramente a Almeida de Sayago. Una monografía de la cual, mire usted por dónde, su autor es mozambiqueño (antes portugués) y en su título no aparece el nombre de nuestro pueblo. Paradojas del destino; démosle la razón a Rubén Blades por aquello de “la vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida”. Que me ahorquen si no es chocante que el único hasta hoy que ha escrito un libro sobre nuestro pueblo, el profesor Domingues Polanah, haya de ser un individuo cuya abuelo materno era blanco, negra su abuela materna e indú su padre. ¿Qué tal? Tres continentes: Europa, Asia y Africa… ¡Tres en uno!

Ya habéis visto la portada del libro, en la foto de arriba, pero debo reseñarlo también en el texto para que quede constancia escrita: Luis Antonio Domingues Polanah. Campesinos de Sayago. Estructura social y representaciones simbólicas de una comunidad rural. Ed. Instituto de Estudios Zamoranos “Florian Ocampo”, Diputación de Zamora y Caja España. Zamora 1996. Un libro, un estudio de antropología social, que es a Almeida, lo que es a Bermillo el famoso libro de José María Arguedas, salvando las distancias. Para nosotros de enorme valor documental, al quedar en él atestiguada, al modo de una radiografía socio-antropológico-etnográfica, la vida, globalmente considerada de las gentes y del municipio entre noviembre de 1978 y octubre de 1979. Por este trabajo, su autor fue galardonado con el premio a la investigación cultural “Marqués de Lozoya” por la Dirección General de Bellas Artes y Cultura del  entonces Ministerio de Educación y Cultura. 

Se trata de la tesis doctoral del antropólogo, considerado mozambiqueño desde la descolonización portuguesa, pues nació en la isla de Chinde (Zambézía.Mozambique) en 1921. Se trasladó a la metrópoli y se licenció en la Universidad de Coimbra en 1987, tras lo cual fijó su residencia en Braga donde obtuvo la plaza de Profesor de la Universidade do Mihno, en la que enseñó hasta su jubilación. En 1966, recibió el 1 º Premio de Literatura Colonial "Frei João dos Santos," del Ministerio de Ultramar. Falleció en septiembre de 2005.

El hecho de que se ocupara de realizar su estudio antropológico en Almeida, se debió a una mera casualidad. El lugar elegido previamente era Fariza, pero quiso el azar que en octubre de 1978, cuando llegó a ese pueblo, se topó con otro estudiante que realizaba allí la investigación para su tesina y, por consejo del catedrático de la Universidad Complutense que dirigía su tesis, Carmelo Lisón Tolosana, cambió de lugar, por suerte para nosotros.

Diré dos palabras sobre su libro. Antes que nada, recomendar la lectura de sus 380 páginas, a quines no hayan tenido ocasión de hacerlo todavía. A todos los almeidenses, por supuesto, y a todos los sayagueses. Bien merece la pena. Las nuevas generaciones descubrirán aquí una excelente exposición de las líneas de fuerza de nuestra idiosincrasia y de la forja de la nuestra genuina prosapia y peculiar personalidad. Todo ello narrado con una sencilla y amena prosa, abundando en historias, personas y lugares que nos son familiares y, por ello, su lectura nos resultará muy gratificante.

Para no cansar, me voy a limitar a enumerar los títulos de sus siete grandes capítulos, grandes en su doble sentido de cantidad y de excelencia, con la intención de tentar a los remisos. Al inicio, se nos ofrece un prefacio en el que se explica el porqué y el cómo de la obra, avatares y agradecimientos a las personas (con nombres y apellidos) que colaboraron con el autor, y una introducción. El primer capítulo trata de ambiente y población: el municipio, pasado y presente, el espacio social, el simbolismo de la casa y de la calle, la situación demográfica. El segundo, de las relaciones de vecindad, los apodos o motes, las formas de tratamiento interpersonal. El tercero, del orden social y estructura: intriga y política, el papel del párroco, bernardos y fuleros, y desigualdades internas. El cuarto, de las bases de la organización económica: la base familiar de producción, tierra y producción, el ciclo de la labranza, amos, pastores y ovejas y la balada del pastor. El quinto, la familia: formación y estructura de la familia, padrinos y compadres, formalidades y ritos del matrimonio, madres solteras y hospicianos, los viudos. El sexto: las principales fiestas del año: las festividades anuales, fiestas de quintos en el día de Reyes, el carnaval, algunas celebraciones religiosas. El séptimo, sexo y honorabilidad: el cuerpo y la noción de la honra, los patrones de la honorabilidad, honra y vergüenza, el simbolismo de la oposición sexual. Termina con las conclusiones, bibliografía y algunas fotografías.

Me imagino que os gustará saber quienes fueron sus informantes, a los que el autor agradece su valiosísima colaboración. Los anotaré como lo hace él mismo, “por orden alfabético y con la más profunda gratitud”: Balbina Villamor, Caridad Piorno (Cari), Domingo Alejo, Horacio de Dios (Carabetún), Jenaro Ledesma y esposa, Manuel Martín (Mingue), Manuel Martín (Tarambanas) y el grupo de señoras de la Cortina del Caño, Manuel Martín (Tuna) y familia, Manuel Fuente Fariza, María Inés Fuente, su marido, Andrés Santos y todo el grupo muy querido del Portalico, Rosalía García, Teresa Vicente (Comenencia) y su hija Pilar, y Tirso Santos. Doña Mari, la farmacéutica. El médico don Arturo Vicente de Dios y su esposa. El cura párroco, don Bonifacio Fernández. Los maestros nacionales don Juan Antonio Casanueva y don Juan Antonio Panero. Los hermanos Sánchez Sogo y los hermanos Colino Ramos. Felipe Ramos (Chato). Los secretarios del Ayuntamiento y de la Cámara Agraria.

Al agradecimiento del “portugués” me complace unirme yo también, pues todos ellos, la gran mayoría ya difuntos, bien merecido tienen figurar a perpetuidad en la historia de nuestro pueblo.

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Tags: campesinos de Sayago, Domingues Polanh, Hervideros de San Vicente, Casal del Gato, Chinde, comunidad rural, El portugués

Publicado por Sayago @ 15:02
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