S?bado, 31 de agosto de 2013


Los sayagueses, Dios nos perdone, no somos dados a reconocer, y menos a celebrar, los éxitos de nuestros convecinos. No sé de donde nos viene este puntito de mezquindad. Quizás del afán por el ahorro que la necesidad nos ha impuesto a todo lo largo de la historia, hasta sellar en nuestro ADN el feo vicio de escatimar también en los elogios o en la ponderación que el prójimo pudiera merecer. Prefiero esta explicación a imaginar que haya una miaja de reconcomio y su pizca de envidia en el origen de tal postura. Aunque, siendo desatinado generalizar, a buen seguro que de todo hay. Hagamos propósito de enmienda y tratemos de ejercitarnos en el contento por el bien del otro, laudable acto que repetido acrecentará nuestra autoestima, a la vez que desarrolla la empatía y activa la producción de endorfinas. ¡Todo positivo, nada negativo!

Digo lo que digo, porque hay alguien que me ha reprochado mi largueza en hacer que brillen los almeidenses de pro. El pintor Antonio Villamor, nuestro paisano ilustre, en este caso.

—¡Tanto Villamor! ¡Tanto Villamor! ¿No te cansas de dorar la píldora? ¿Hasta cuando piensas seguir con eso? ­—me ha preguntado alguien, con cierto retintín.

Y le he contestado:

—Verás, yo es que disfruto aplaudiendo lo bueno y pregonándolo. Esa es mi condición. Nací así y me he empeñado en seguir igual hasta que me muera. ¡Ya te digo! Y además la gozo; así que mérito no tengo ninguno, ni por ello espero recompensa. Ah!, y encima no soy de dejar las cosas a medias. Lo que empiezo me gusta rematarlo como Dios manda., o sea, perfectamente.

Así pues, erre que erre, voy a seguir con nuestro paisano el pintor barroco de Almeida, Antonio Villamor y Casado. Sigo empeñado en que lo conozcáis a fondo, pero me hago la siguiente pregunta: ¿Quién se ha molestado en ir a contemplar su obra?  Me temo que muy poca gente. Bien sé que la pintura religiosa hoy en día no emociona a las multitudes. Pero tratándose de alguien tan próximo a nosotros, pariente de muchos necesariamente…¡¡¡Hombre, hombre!!! Por supuesto que no estaría demás saber de qué estamos hablando, cuando se trata de su obra y se da la coincidencia de que la tenemos tan a tiro de piedra…

En Salamanca y en pueblos de su provincia se ubica la mayoría de su producción pictórica. La más fácil de ver, por estar más a la vista, quizás lo mejor de este pintor, se encuentra en la Iglesia de San Esteban (Dominicos). Se trata de los exquisitos frescos que decoran las capillas de la Virgen del Rosario y del Cristo de la Luz. Os animo a visitarlas. Es gratis cuando la iglesia está abierta al culto. Y cuesta 3 € (2 € para los jubilados) la visita completa al convento. Juzgad si merece la pena, para eso acompaño las fotografías, la vista general de cada una de ellas, aunque no es posible en absoluto sustituir con imágenes la emoción del contacto personal con la obra de arte original. ¡¡¡Animaos!!!


La capilla de la Virgen del Rosario (lado izquierdo del crucero) está toda ella decorada con frescos de Villamor, destacando el misterio de la Coronación de la Virgen, sobre el arco triunfal que cobija esta capilla (foto de la cabecera). Representa a la Virgen cuando es coronada por Padre, Hijo y Espíritu Santo, en su inmensa gloria y en medio de toda la corte celestial, que se goza en su presencia. El retablo es obra de  José de Churriguera, autor también del monumental del altar mayor, su obra más colosal (27 m. x 14,50 m.) La imagen de la Virgen del Rosario fue un regalo del Papa Pío V al convento dominico.

La capilla del Cristo de la Luz es la segunda de la derecha, entrando por la puerta de la fachada principal. La decoran escenas de la pasión del Señor, a gran tamaño. En ella se halla el confesionario que, según una antigua tradición, fue utilizado por P. Domingo Bañez cuando confesaba a Santa Teresa  de Jesús.


Cuando Antonio Palomino, llegó a Salamanca, en 1705, para realizar el majestuoso fresco con la alegoría titulada El triunfo de la Iglesia, ocupando todo el frontis del coro de la iglesia, y conoció a Villamor, yo no descarto que le pidiera que le ayudara a realizarla. El cordobés, había aprendido unos años antes la técnica de la pintura al fresco a la llegada de Lucas Giordano a Madrid en 1692 y, entre 1697 y 1701, trabajó en Valencia, pintando las bóvedas de la iglesia de los Santos Juanes y de la basílica de Nuestra Señora de los Desamparados. Ya entonces nuestro paisano había pintado las capillas anteriormente mencionadas y quizás por ello, algunos autores digan que Palomino le llamaba su maestro. Una exageración impropia que traigo aquí solamente para apuntar la posibilidad de que Antonio Villamor podría haber colaborado en la majestuosa alegoría del coro, una obra realmente extraordinaria. Es de suponer que el de Bujalance no se desplazara desde la Corte con sus ayudantes y los contratase en Salamanca, donde, le habrían recomendado acudir al taller del almeidense, pues gozaba de sobrada fama y solvencia para ello. Lo que me anima a incluir también una imagen de la obra de Palomino. No estará demás.

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Tags: Antonio Villamor, San Esteban Salamanca, El triunfo de la Iglesia, Palomino, Almeida, Rosario, Cristo de la Luz

Publicado por Sayago @ 13:11
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