Viernes, 25 de octubre de 2013


Mucho sabía nuestro paisano Mateo Martín González (Almeida 1873-1946), más conocido como el Tío Mateo Chancas”. Un “nota” de antiguamente cuya memoria perdura y debe perdurar por siempre en Almeida, porque era todo un fenómeno que ha de figurar en la nómina de los hombres célebres del pueblo.

Lo que ignoro es si conocería el significado que se le atribuye al blanco y al amarillo, los colores que luce ahora la fachada exterior de su casa. La que da a la carretera de Salamanca, en los Santarenes, a media cuesta del Blanquial. Se deja ver de lejos; no tiene pérdida.

Tengo la certeza de que le gustaría así. Tan original y reluciente, tan limpia… Pues así era él, también. Peculiar, chusco, ocurrente, amable, guasón, inteligente, genial. Le van los colores de la pintura de su casa, por su significado. El blanco: luz, bondad, inocencia, pureza, virginidad, optimismo, perfección, inocencia. El amarillo: felicidad, alegría, inteligencia, innovación, energía, sol, fortaleza, poder.

Nacido en una familia de humildes labradores. Fueron sus padres Jerónimo Martín y María González. Su inteligencia natural, desde pequeño, era tan sobresaliente que aprendió a leer y a escribir solo, sin la ayuda de nadie y a muy corta edad. Se cuenta que cuando lo llevaron al maestro de primeras letras, le dijo este a su padre: ¡Carajo! No puedo enseñarle nada; sabe más que yo. Y lo puso a enseñar las letras a sus compañeros. Pero tanto saber de letras, poco beneficio reportaba, en aquel tiempo, a los que tenían que vivir del campo. Así que su padre, más pronto que tarde, lo mandó con las ovejas.

Todavía este mismo año, un familiar que me encontré en Valluengo una mañana, me dijo algo que supongo era un remoquete familiar heredado: “Sí, sí, sabía mucho de todo, menos de lo que tenía que saber”. Y un ganadero mayor: “Como pastor era un desastre. ¡Con decirte que nunca llegó a diferenciar las ovejas suyas de las de otro!”. Nunca, en sus 73 años de vida, gozó de consideración. Como hacía versos, le consideraban un zascandil. Como tenía gran sentido del humor, un tarambana. El prestigio en aquel Sayago de la precariedad no se ganaba el pan siendo poeta y estrafalario.

Se cuenta que, en cierta ocasión, la tía Casilda se dirigió al tío Mateo Chancas para pedirle que le ayudase a encontrar la burra, que se le había extraviado. Fue a su encuentro y le dijo: “Mateo, tú que eres tan ocurrente, tienes que rezarme el responso de San Antonio, que se me ha perdido la burra”. Y el tío Mateo, haciendo gala de su buen humor, le respondió: “Bueno, mujer, no te preocupes que yo te lo rezaré”. Pero ella le insistió. “¡Que demontre! Tienes que hacerlo ahora”. Y contestó Mateo Chancas: “Ahora mismo, si te corre tanta prisa, mujer.”

Pero no recitó el responso, sino que improvisó uno y, saliendo por peteneras, declamó:

“Lobos que andáis por el monte

con la boca abierta y el rabo tendido

comed la burra de Casilda

que dice que se le ha perdido”.

Y la tía Casilda, una curandera, que vivía sola en el barrio del Cárcabo, exclamó asustada: “¡Coño, condenao! No digas eso que se me la come de verdad”.

Estuvo casado con Josefa Mielgo Pérez y tuvieron seis hijos: José Manuel, Julio, Estefanía, Primitiva, María y Jerónimo. Alguno de ellos vivo aún. Falleció en Almeida, a los 73 años, el 28 de febrero de 1943.

Muy celebrados y recordados son los poemas suyos que han pervivido en la memoria colectiva de los almeidenses y que todavía hoy se recitan: El testamento del lobo, Los burros del tío Juan Mata, La subasta de la bellota, el dedicado al mayor de sus hijos cuando tuvo que separarse de sus ovejas para ir al servicio militar. Algunos otros, los conservan sus nietos como oro en paño, escritos de su de puño y letra.

Como muestra, para deleite de todos, aquí reproduzco uno de los más celebrados:


Safe Creative #1310258852931


Tags: Mateo Chancas, Burro, Poesía popular, Sayago, Pastor, Santarenes, Rabo

Publicado por Sayago @ 14:04
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios