Martes, 08 de diciembre de 2015


La noticia de los últimos descubrimientos en el paraje megalítico de Los Hervideros nos llena de satisfación a los almeidendenses, como no podría ser de otro modo. Sin embargo, este nuevo hallazgo, resalta aún más el injusto desprecio con que es tratado tan importante bien cultural por parte de quienes mayor desvelo por conservarlo habían de poner. Es decir el gobierno autonómimico que tiene la ineludible obligación de matenerlo y preservarlo debidamente.

Hasta ahora no ha accedido la Junta de Castilla y León a elevar a la categoría de BIC (Bien de Interés Cultural) a nuestro dolmen y los demás vestigios prehistóricos del Casal del Gato. Poca sensibilidad para con la historia demuestra nuestros gobernantes al regatear méritos, administrativamente hablando, a tan singulares y preciados monumento, que los tienen por sí mismos y no necesitarían que se los reconociera nadie si no fuera por las ayudas crematísticas a que les haría acreedores el tal status. Ya se sabe, los políticos cada día acreditan más netamente sus credenciales de carencia de enjundia y mezquindad de miras. Una cruz para el contribuyente que, además de mantenerlos, tiene que resignarse a sus desaires sin chistar.

Hagamos saber a tan próvidos cofrades de la negativa por respuesta que las piedras, que a ellos no les dicen nada, hablan alto y claro y dan testimonio de la prosapia y sangre de los pueblos. El ADN, vamos. Sépanlo. (“El que tenga oídos para oír…”  Esto es como el Evangelio, no todo el mundo alcanza a entenderlo; ya lo séGui?o. Pero lo entienden bien la gentica, el pueblo llano, los sencillos… Ésos que siglo tras siglo, desde la prehistoria hasta aquí, han mantenido y preservado de la desaparición tan nobles vestigios de sus orígenes, ser y existir. La Junta ni siquiera está en párvulos, así que habrá que explicarle las cosas, con fruición, con insistencia, con claridad. Y al correr de los meses, o quizá de los años, acabará por entenderlo. ¡Que duda cabe!

Hay vecinos que cuando ha sido preciso han ido hasta los Hervideros a limpiar de zarzas y carrascas el dolmen. Por su cuenta, sin ninguna prebenda a cambio y sin hacer el más mínimo ruido. Procurando que su mano izquierda no viera lo que hacía la derecha. Con mis dos ojos lo he visto yo, pero respetaré su anonimato para no contravenir sus deseos de incógnito. Hablo de nuestros días. Pero antes nuestros abuelos, bisabuelos y tatarabuelos cuidaron estas piedras totémicas porque por ellas supieron que sus ancestros ya tenían un sentido trascendente de la existencia y que el sol era esencial para la vida y el agua sagrada para sus cosechas y que una Fuerza Superior a la que había que adorar regía la existencia de lo seres vivos y las fuerzas de la naturaleza … Cosas elementales pero, ciertamente, importantes. Ellos supieron escuchar el mensaje de estas piedras, que tal vez les descifró el fraile agustino César Morán, su descubridor por indicación de José M. Ramos, el telegrafistas natural  de Almeida, destinado en Bermillo a la sazón.

¿Ha dicho la Junta por qué no merece nuestro dolmen ser apuntalado con la distinción a la que venimos haciendo referencia? Lo ignoro, pero me chocaría; no suele la Administración tenerlo por costumbre. En cualquier caso, ¿cuántos monumentos de este calibre hay en Sayago?; ¿en toda la provincia de Zamora?; ¿en la extensa comunidad autónoma? Se gasta mucho dinero en vainas y zarandajas, a diario lo vemos. ¡Se subvenciona cada zarrio y adefesio, tanta birria!  Pues, a más a más, bien valdría la pena asignar a todo aquello que realmente conforma nuestra memoria histórica el remanente necesario para que se perpetúe con dignidad y pueda seguir hablando a las futuras generaciones de sayagueses de sus raíces más profundas y ancestrales.

A ver si en la presente legislatura nos toca, por fin., pues, ¡clama al cielo!


Publicado por Sayago @ 12:50
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