Viernes, 12 de agosto de 2016


Un año más llegamos a San Roque. Demos gracias a Dios por la prórroga que nos concede en el partido de la vida. ¡La mayor gracia, un feliz acontecimiento, una oportunidad!  Motivo más que suficiente para hacer fiesta. Este san Roque, nuestro patrón, habrá intercedido por nosotros y debemos agradecérselo.

Ya lo he dicho, creo recordar. A mi la imagen de escayola, sin arte ni parte, que se saca en procesión, ante la que se baila la bandera y se hace el ofertorio, ni me gusta, ni me da devoción, ni me emociona. Lo siento, pero he de ser sincero. No comprendo cómo teniendo en la Parroquia un “San Roquito” tan chulo y elegante, de talla, estufado y policromado, no lo lucimos y exhibimos con solemnidad en la fiesta grande.

Es un decir. Nadie tiene por qué hacerme caso. Aunque tengo muy claro que San Roque bendito no es una santo de serie. Es un santo singular, original, importante, que bien merece ser honrado conforme a su dignidad y categoría. Sus méritos para ello, su vida y obras, ya los conocéis de sobra. No hace falta insistir.

Pero, bueno será aportar ciertos datos e informaciones que por su relevancia e interés configuran el amplísimo y muy devoto reconocimiento que a través de los tiempos ha alcanzado este humilde y humanitario santo. Colaboremos en dar más brillo a su aureola.

Evitaré alargarme, siguiendo el consejo del refrán valenciano: “En tiempo de melones, pocos sermones”.

Me limitaré, por consiguiente, a dos notas literarias. De la primera es autor el fraile mercedario llamado fray Gabriel Téllez (1579-1648) que firmaba sus escritos con el seudónimo de Tirso de Molina. En su comedia La Villana de la Sagra algunas escenas se desarrollan en la fiesta en honor de san Roque y los labradores de esta comarca toledana lo ensalzan con cantos. He aquí dos estrofas:

¡Cómo alegra los campos

la alegre noche

con la fiesta divina

de nuestro Roque!

 

Tanto se merece el santo,

y tiene mucha razón

de honrar Castilla patrón

que merece y puede tanto.

Y ahora, una más moderna. Esta es de Miguel Delibes, el gran escritor vallisoletano. Uno de los más grandes de las letras hispanas. Me honro en haberlo conocido y tratado  personalmente. Mi tesina de final de carrera fue Delibes periodista y, más tarde, en mi etapa en Pucela, lo cruzaba casi todos los días en la Acera de Recoletos, cada uno con prisa por llegar a casa, pero, si se terciaba, nos parábamos a saludarnos con mayor detenimiento.

En su novela La hoja roja, el protagonista es Eloy, un empleado municipal jubilado y viudo, la Desi es una chica de un pueblo cercano que le atiende como empleada interna de servicio. Por los  ojos analfabetos y cerriles de la Desi se asoma el campo a la novela. Y, claro, al llegar estas fechas, la chica no podía olvidarse de las fiestas de su pueblo: “… recordaba el año que don Jerónimo, el cura, pretendió actualizar la fiesta de san Roque y congregó, para ello, dos docenas de rapaces en el coro. Las piernecitas de los niños colgaban por entre los barrotes y sus bocas sonreían expectantes. Y les dijo el señor cura tan pronto llegó: “¿Quién es san Roque bendito?” Y las dos docenas de voces atipladas corearon : ¡Oh, san Roque bendito –que el Señor te escogió– para madre de Dios!” Don Jerónimo perdió el control. “¿Pero sabéis lo que estáis diciendo? ¿Quién es Dios Nuestro Señor?” Dijeron las voces de las dos docenas de rapaces: “¡¡San Roque bendito!!” Don Jerónimo se encolerizó, empezó a almacenar espuma en las comisuras  de la boca y los expulsó del templo. Renunció a festejar a san Roque. Fue entonces cuando se inició el pleito entre don Jerónimo y don Fidel, el maestro, quien regentaba, además, una fábrica de adobes en las afueras del pueblo. El choque no sobrepasó el aspecto personal, mientras el señor cura no se topó a los rapaces cantando por las calles embarradas:

Padre nuestro, pichilín,

Dios nos tenga en un buen fin.

Por entre unos olivares

pasa una paloma blanca

más blanca que los cristales.

Al día siguiente, el señor cura se trasladó a la ciudad para dar cuenta al señor Obispo de que el maestro hacía sarcasmo de lo más sagrado.”

¿Se inventa Delibes este chascarrillo? Siempre me incliné a pensar que lo más probable sería que lo había vivido o escuchado como un suceso real acaecido en el ámbito rural castellano del que era tan amante. La suerte vino en mi ayuda, de la mano del profesor Julio Borrego Nieto, el ilustre sayagués catedrático de Gramática en la Universidad de Salamanca. Lo visité en 2014, junto con Juan Antonio Panero, en su despacho del Palacio de Anaya, y allí nos regaló a ambos un ejemplar del Libro del Buen Folgar del que son autores Manolus Abbat & Iulius Agnus Nepote y otros troveros del Mester de Goliardía, edición de Julio Borrego Nieto y Manuel María Pérez López, este último condiscípulo mío en aquella Facultad de Letras en tiempos heroicos. Ediciones Universidad de Salamanca, 1996. Obra fundamental para comprender que el ingenio, el sentido del humor y la agudeza “Salmantica non prestat” si no vienen de origen, pero lo afina, pule y abrillanta hasta la excelencia.

Pues bien, en la Epístola a Manolo Abbat con el Enxiemplo del Geniecillo Maléfico, en la pág. 27 de dicho libro, poema escrito por Aloysius Sancto Flumen, dice:

A San Roque bendito,

que por madre de Dios fue desinado,

e a San Agapito,

el sancto bienamado,

sólo pido fablar curso rimado.

¡Tate! Aquí tenemos la atribución herética cuyo origen tan vehementemente deseábamos hallar. Y, ¡oh feliz casualidad!, los sabios lingüistas a los que debemos la edición de esta obra, han introducido una nota al margen que lo desvela. Así reza: “Probablemente alude aquí el auctor al contenido de una clopiella que se cantaba, e aún hoy diz que se canta, en la noble villa de Macotera, e que dice: San Roque bendito / intercede por nos / pues que fuiste elegido / para madre de Dios. (G.O.)”.

Lo dicho queda hecho público para general erudición y conocimiento. Vale.

 

Safe Creative #1608128730541


Publicado por Sayago @ 12:45
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios