Domingo, 04 de junio de 2017


El monte de El Conejal junto con La Cueva, ambos constituyen los dos pulmones verdes más significativos del ecosistema boscoso en el término municipal de Almeida. Los dos añaden a su gran valor ecológico y paisajístico, el ecónómico que, en el caso de El Conejal, repercute directamente en el capítulo de ingresos de nuestro Ayuntamiento.

De él voy a tratar hoy, aunque no de su aspecto crematístico, sino de otros que pudiéramos calificar de consuetudinarios o etnográficos. No me subyuga ni esclaviza a mi el vil metal y nunca he pasado de pedir al Dios Padre más que el "danos hoy nuestro pan de cada día". Cosa que jamás me ha negado hasta ahora. Ex toto corde gratias ago Deo.

Aunque hoy, por desgracia, nuestro hermoso monte no sea ya lo que ha sido: menos agreste, más accesible y mucho más transitable, aún conserva un punto del embrujo de lo bravío y misterioso propio de los bosques. Ese algo inquietante que la oscuridad recóndita de la fronda transmite y fue en la antigüedad anatemizada al aconsiderarla el puritanismo como "un inmenso manto verde para Satanás". "La gran capa -escribe John Fowles- con la que encubrir la comisón de cualquier delito y con la que ocultar el pecado; el espacio perfecto para los que recelaban del orden religioso y el orden público, y, sobre todo, para los impíos que desconfiaban del poder del propio ser humano en cuanto representante y agente elegido por Dios para ejecutar sus órdenes sobre las otras criaturas creadas por Él."

En nuestro caso, por el contrario, conviene remarcar los bienes aportados por este monte al vivir de nuestros ancestros, a los que surtió con su abundante caza, con leña abundante para el hogar, con bellotas para engordar sus ganados, con los frescos pastos abundantes de sus valles (Nava la Peral, Tremayo, Peñas Rubias, Nava la Prinda, Valdelaspeñas, etc.). Recursos de los que hoy seguimos beneficiándonos. ¿Y qué decir de las vidas que salvó, cuando la guerra, sirviendo de escondite muchas noches a los que venían a buscar las hordas criminales para asesinarlos?

Como hábitat natural y refugio de pastores, cuando los rebaños se pasaban semanas sin regresar al pueblo, fue protagonista de su propia épica, de sus historias y cuentos, de los versos de los que se atrevían a escribir o a dictar poemas... Algunos, tan memorables y tan inspirados, como los de Mateo Martín, "el tío Mateo Chancas".

Ahora acabo de descubrir a otro, que aún no he podido identificar y que firmaba en 1985 con sus iniciales y apodo: J.L.F. "Paladín". Su poema, que aquí se publica para conocimiento público, trata del un hecho que tampoco he conseguido esclarecer y que, en el supuesto de que fuera cierto, debió de inquietar no poco a los almeidanses de la época. Por eso me extraña no haber conseguido información sobre el acontecimiento que narra la aparición de un bicho no identificado, al que nadie logró ver y nadie fue atacado. Por ello más bien creo que debe tratarse de una composición irónica, referida a algún personaje singular del vecindario, retraído, hosco, huidizo. Juzguen los lectores y, si alguien puede aportar algún dato al respecto, le agradecería hacermelo saber. Gracias.



Publicado por Sayago @ 17:04
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