Jueves, 26 de marzo de 2009



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Juan Cruz, escritor y periodista canario, director adjunto de El País, como persona me merece todo el respeto, mas de sus ideas estoy en las antípodas. Los seres humanos por su propia dignidad son todos respetables, pero esto no ocurre con las ideas. Es más, algunas (por no decir muchas de las de ahora) no son nada respetables. Están dictadas por la ideología y no por la razón, pura bazofia intelectual, sin rigor y sin criterio. Baratijas de fantasía para engañar a pánfilos.

Dicho lo cual, les cuento que en su blog el mencionado colega ha publicado en su periódico: Ayer me decía una buena amiga:¿Por qué escribes tanto de Tenerife en el blog? Porque es mi tierra, la tierra es el olor de la memoria, es la memoria misma. Es curioso: cuando vuelvo a la tierra me vuelven no sólo los recuerdos de la tierra sino la memoria entera. A medida que pasan los años, además, la tierra nos habla más, como si en ella habitara un eco que aviva nuestros pasos.

En su Diario mi admirado Miguel Torga, el gran escritor portugués de Tras-Os-Montes, relata lo que sus paisanos de Sao Martinho de Anta, su aldea  natal, le solían preguntar y lo que él les contestaba:

-¿Viene usted aquí a inspirarse?

-No. Vengo a recibir órdenes.

-¿De quién?

-De mis antepasados.

¿A que es así? Los “desterrados” sabemos bien de qué hablan estos dos escritores. Si nos quedáramos sin ese eco vivificante, no dejaríamos ya jamás de sentir el vértigo que el vacío de la propia identidad produce. ¿Y si se esfumaran las pautas de conducta de nuestros antepasados? La inestabilidad sería de órdago. Este desasosiego emocional lo han relatado superbien los damnificados que han visto morir a sus pueblos inundados o abandonados. Que digan si no nuestros paisanos de Argusino que lo hubieron de sufrir antaño.

A propósito de portugueses, me voy a dejar transportar por la imaginación al rincón de la barra del bar de Rosario, “Hostal Almeida”. Entrando a la derecha. Donde están los periódicos. Allí he gozado mucho y muchos ratos de la charla de Manuel Cangueiro “Portu” (q.e.p.d.), el padre de la dueña, antes o después de degustar la cordialidad y las buenas viandas con que obsequia a los huéspedes de su establecimiento la hija.

Era “Portu” un ejemplo de educación y simpatía. Mantengo mi rendida admiración por él como luchador sin desmayo, trabajador infatigable y hombre de bien por los cuatro costados. Todo un ejemplo. ¡Qué tio! ¿A cuántos hijos sacó adelante? Todos a brazo partido contra la escasez, sin rendirse ante las muchas adversidades que tuvieron que superar y manteniéndose siempre a resguardo de todo lo que estuviera más allá de los límites de la honestidad, de la rectitud y de la honradez. Es un gusto supremo ver hoy bien situados a los componentes de aquella recua de chavalines que cuando andaban a escuela perecían alfeñiques y “tan poca cosa”. ¿Y qué decir de los nietos? Ya algunos titulados universitarios o muy competentes profesionales y técnicos en empresas privadas de Cataluña. Por fortuna, no es un caso único, hay muchos más. Pero hoy toca hablar de éste.

Cuando vuelva yo a Almeida ya no me será posible recibir, en vivo y en directo, de este gran hombre esas órdenes de que nos habla Torga, sus lecciones de respeto y educación desde la sencillez de los humildes y el tesoro perdurable de sus recuerdos y vivencias en la tierra sayaguesa, a la que llegó en su juventud desde el país hermano del otro lado de "La Raya" y en la que ya duerme el sueño eterno. No hace mucho que me he enterado de su fallecimiento hace poco más de un año y, desde entonces, lo tengo presente y me parece justo que no dejemos desvaír la hijuela de sus muchos valores y virtudes que en esta vida practicó y puso de manifiesto.

Manuel, amigo, te digo que nunca perdí el tiempo charlando contigo. Que aprendí mucho de ti y que deseo que Dios te lo pagué. ¿Sabes una cosa? Con la desaparición de la gente de tu quinta ya sólo nos queda la referencia de las dos generaciones que siguen (los de más de 70 y  más de 80 años), de ahí para abajo ya somos todos híbridos de la emigración y de la sociedad de consumo. Urbanitas apesebrados por la confortable e insulsa manera de vivir de las clases medias globalizadas y sin relieve. Poco interesante tendremos que decir a nuestros hijos que, para más inri, sólo hacen caso de la publicidad y de los embaucadores de moda. Cuando ya se ha cumplido un año de tu desaparición, nadie de por aquí se ha olvidado de ti. Que lo sepas.


Tags: Almeida, Sayago, Torga, portugués, Argusino, Cangueiro, raya

Publicado por Sayago @ 10:46
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