Lunes, 05 de noviembre de 2012

 

Al hilo de la publicación del anterior post (El descubridor del dolmen, https://jmb.blogcindario.com/2012/09/00061-el-descubridor-del-dolmen.html) alguien me escribe para comentarme que más que conocer al descubridor de nuestro dolmen, sería interesante saber como fue el descubrimiento. Acojo de buen grado y agradecido su sugerencia, aunque, como algunos recordarán, sobre tal hecho ya escribí en el Programa de las Fiestas de San Roque del año 2003. Evidentemente, tiene razón mi comunicante. La capacidad de difusión de aquel medio respecto a este no es comparable. Así que me pongo a ello.

Es muy probable que lo que voy a relatar acaeciera en el otoño de 1928. Una soleada mañana, de Salamanca viaja a Almeida un fraile agustino del Colegio de Calatrava. Es el P. César Morán Bardón, el descubridor del más antiguo e importante monumento que tiene nuestro pueblo y, a mi modesto entender, todo Sayago. Ahora ya le conocemos, o podemos hacerlo, pues tenemos a mano su biografía en el post reseñado más arriba. Pero en aquel entonces, nadie sabía nada de él.

Para no mentir, he de decir que llegaba hecho un adefesio y con las trazas de un trápala. Venía en una motocicleta que había comprado en Francia ese verano, de segunda mano, muy probablemente. Estrafalarias gafas de piloto, casco de cuero que agüevaba su cabeza, arremangados los hábitos talares, envuelto en una nube blanca no precisamente celestial y un ruido de mil diablos. La polvareda que levantaba en la descarnada carretera de tierra, el humo y el atronador petardeo que vomitaba el tubo de escape de su máquina infernal le hacían visible desde bien lejos. Se le veía venir como a un tornado.

Desde que apareció en lo alto de la larga recta de "La Sabrosa", los del tejar de Moro y los pastores que andaban por Navarredonda no dejaban de mirarlo, tratando de reconocer al esperpento; intrigados y sorprendidos por una visita tan peculiar como poco habitual en aquellos tiempos. Lo mismo hicieron, cuando pasó, los de Los Santarenes, los del Caño, los de la Plaza, los de la Cuesta del Gallo; cada quisque que se topa con tal visión en la carretera.

Pasa de largo, sin embargo. Se dirige a Bermillo, en busca de su amigo Ricardo Ballesteros, con quien, en compañía del telegrafista almeidense José Manuel Ramos Vicente, cuñado del comerciante Alfonso Ledesma y destinado en la oficina de la cabeza de partido, ya había visitado e identificado el túmulo característico en una cortina del Casal del Gato, propiedad de Vicente Rodríguez Herrero, en el paraje denominado los Hervideros de San Vicente.

De camino al Balneario, ahora sí, se detienen en Almeida. Necesitan operarios para excavar el promontorio de tierra que cubre la tumba megalítica, que el arqueólogo sabe por experiencia puede ocultar objetos neolíticos de gran valor. Así pues, tras contratar a Juan Pascual, a Antonio Santos y a Emilio Porra, provistos los tres de pico, pala y zarandas, camino de Carbellino adelante, promotores y jornaleros se trasladan al lugar, sin conciencia alguna de que sus nombres van a quedar para siempre impresos en una, si no la más, gloriosa página de nuestra historia local. (Por mi cuenta, aunque sin confirmar, añado al grupo al dueño de la cortina, Vicente Rodríguez Herrero, pues dudo mucho que diera su permiso para la operación y dejara hacer sin estar presente, vigilando de cerca las acciones de los expedicionarios. Una dejación semejante no es propia del carácter sayagués)

Ya en el terreno, comienza la excavación. El padre Morán tiene experiencia y da las órdenes oportunas. Pronto aparecen las grandes lastras hincadas del monumento funerario. A partir del momento en que quedan al descubierto, el arqueólogo ordena seguir ahondando entre ellas y cribar la tierra por si aparecieran restos humanos y algún objetos del ajuar. Es una tarea dura que los jornaleros realizan escépticos y no de muy buena gana. Piensan que el fraile no debe andar muy bien de la cabeza y que mejor haría ocupándose de rezar letanías y rosarios. Pero cumplen con la palabra dada y siguen hasta el final. Aparece el ajuar (conjunto de objetos enterrados junto al difunto, para que los utilice en su viaje al más alláGui?o, pero no restos humanos, por lo que el fraile supone que el cadáver fue quemado antes del enterramiento.

Como es sabido, el mismo P. Morán dejó escrito en sus obras Por tierras de Zamora. Excursión a Sayago (El Correo de Zamora, 1930) y en Memoria de Excavaciones de Dólmenes de Salamanca y Zamora (Madrid, 1935) que aparecieron los siguientes objetos: talla de un cuchillo de silex, prisma hexagonal de cuarzo cristalizado, dos cuentas de collar de variscita, una hoja de puñal de cobre, escudilla de barro oscuro, dos trozos de vaso cerámico, un hacha de cuarzo pulimentado. Un auténtico tesoro historiográfico que se guarda en el Museo Arqueológico Nacional (Sala del Neolítico), en Madrid.

El hacha de cuarzo pulimentado inspiró a Ricardo Ballesteros Escalero el soneto que a continuación reproduzco [foto del original de su puño y letra que se conserva en el Archivo de la Provincia Agustiniana del Santísimo Nombre de Jesús de España, Los Negrales (Madrtid)], dedicado al P. Morán, su amigo.


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Tags: Casal del Gato, Hervideros de San Vicente, Balneario de Almeida, Carbellino, P. Morán, Neolítico, Túmulo

Publicado por Sayago @ 16:49
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