S?bado, 20 de octubre de 2018


Mire usted por donde ahora saltan a la palestra las peñas resbalinas, los toboganes de los muchachos de pueblo de nuestra infancia. Las ha sacado del baúl de nuestros recuerdos don José Miguel Sánchez Benito, médico e investigador etnográfico en sus ratos libres.

En la información sobre el tema que publicó La Opinión de Zamora el pasado 19 de octubre de 2018, se dice que: “En 2006, el arqueólogo Martín Almagro Gorbea le propuso hacer un inventario de las "peñas sacras" de Zamora y Salamanca y desde entonces, ha logrado catalogar setenta piedras, de las cuales diecinueve se encuentran en Zamora”. Y, al citar los pueblos de nuestra provincia, veo que falta Almeida en la relación.

Me da mucha rabia esta omisión porque, a falta de una, en Almeida tenemos dos, y, para más inri, en el casco urbano: una en el barrio en que nací y crecí, frente al apartamento de Toñi Paulina y la otra delante de la casa de “Las Facicas” en el barrio de la Fontana.

En las dos, más en la primera por tenerla más a mano, rompí yo más de unos pantalones y recibí más de un cachete de mi abuela Cándida o de mi madre. Entonces esas “peñas del demonio” eran odiosas para nuestras madres que trataban de hacer durar la escasa ropa de sus hijos lo más posible, puesto que no había con qué renovar el vestuario cada poco. A causa de esto, ir a divertirse en la resbalina, se tenía que hacer subrepticiamente, en la clandestinidad… Sin decir adonde ibas, zafándose como un furtivo y aprovechando el momento en que creías que las tareas domésticas ocuparía a tus perseguidores durante un buen rato. Pero, cuando más entregado estabas al vértigo de deslizarte peña abajo…, aparecía el enemigo como por ensalmo, gritando despavorido: “¡Vente p´acá, que te voy a arregalar yo! ¡Otra vez en la peña del demonio! ¡Cómo te hayas rotos los pantalones, ya me voy a encargar yo de darte en el culo una buena tunda! No te tengo dicho…” Muchos ya saben como acababa la historia, así que no me voy a detener a describirla. Tampoco merece la pena, pues el recuerdo de los buenos ratos que estas peñas me proporcionaron, desdibuja la imagen negativa de sus consecuencias.

En la información del periódico se dicen algunas cosas chocantes; como por ejemplo: “Las chicas eran quienes más las utilizaban deslizando sus glúteos por la piedra, una práctica que asociaban al matrimonio y a la fecundidad.” Como usario puedo decir que no es cierto lo de las chicas. Si a los chicos se nos perseguía por lo expuesto, he de señalar que mucho más a las chicas que por entonces no usaban pantalones y sus bragitas eran más frágiles que estos y se rompían con enorme facilidad. Pura lógica.

Para esclarecer otra afirmación que señala el carácter sagrado de estas peñas, “peñas sacras”, me pongo en contacto con Juan A. Panero que goza de la doble condición de estudioso del tema y de antiguo usario de las misma. A él no le merece credibilidad tal afirmación y me comenta que cabe la posibilidad de se deba a una confusión con “los falos”, a los que sí se les ha atribuido el carácter sagrado y las mujeres procuraban rozarse con ellos para asegurar su fecundidad. Un ejemplar espectacular lo tenemos en Rabanales, junto a su iglesia: uno de aproximadamente de 1,80 m. de altura y 0,30 m. de diámetro y el otro más pequeño, ambos reproduciendo fiel y descaradamente enormes penes, de época de los romanos. También las peñas basculantes, de las que tenemos también dos en Almeida, están relacionadas con la fecundidad.

Y hasta aquí hemos llegado. Recapitulemos: Anoten los investigadores mencionados que Almeida de Sayago existen en su casco urbano dos peñas resbalinas (alguna más puede hallarse en el término municipal, seguramente, para entrenamiento de pastores y pastoras) y téngalas en cuenta para su catálogo.

 

 

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Publicado por Sayago @ 12:42
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