Domingo, 14 de julio de 2019

No me digáis que cumplir 10 años, como ha sido el caso de este blog, no es para tirar cohetes. ¡De largo y de colores! No es para menos. Y sin embargo -¡gran despiste!- se me pasó desapercibido que, a finales del pasado año, concretamente el 17 de octubre de 2008, se cumplía una década de la existencia de este mi blog dedicado a Almeida de Sayago.

Desde esa fecha en que apareció la primera publicación, hasta hoy hemos visto transcurrir más de 3.800 días, que han dado mucho de sí y nos han traído de todo, como en botica: bueno, regular y malo. Para Almeida, muchos fallecimientos y uno o dos nacimientos, refiriéndonos a las personas, a mis paisanos y lectores, que son lo que más me importan y los destinatarios prioritarios de las historias que aquí cuento. Para el mundo, en general, muchos motivos de preocupación: una crisis económica de primera magnitud, las nefastas consecuencias del cambio climático, paro y empobrecimiento de las clases medias, guerras incesantes, dramas migratorios… Para mi, cientos de horas ante el teclado de mi ordenador, otros cientos investigando en archivos y bibliotecas, para después ensartar en frases miles y miles de palabras (más de 62.000), hasta llegar a publicar los 103 artículos aparecidos aquí hasta la fecha. Respecto a la acogida pública que habéis dispensado a estas páginas, señalar para vuestra información que han recibido en esta década 51.712 visitas (más de cinco mil por año), visionando cada persona una media de 2,27 páginas... Y, lo mejor de todo: ¡he debutado como bisabuelo! Del matrimonio de mi nieta Ana Sanz y su marido Borja Medina, nieto de aquel mítico “hombre del tiempo” de la tele en blanco y negro, el gran don Mariano Medina, ha llegado al mundo, en el pasado mayo, mi bisnieta Casilda. ¡Una bendición de Dios!

Pero volvamos a lo que nos ocupa y entremos en materia.

He de confesar que todo comenzó del modo más sencillo, sin pretensión alguna, pues por entonces yo consideraba que la historia de Almeida no daría para mucho, máxime cuando Juan Antonio Panero que ya por aquellos días trabajaba en su enciclopédico libro sobre nuestro pueblo, Almeida de Sayago, pasado y presente de sus tierras y sus gentes (2014), pensaba yo,  tendría  ya recogido todo lo publicado y archivado. Pero, poco a poco, me fui dando cuenta de que quedaban aún bastantes e interesantes datos sueltos. Merecía la pena “tirar del hilo” y ponerse a buscar en hemerotecas históricas y en algunos archivos extra provinciales, llegando incluso hasta la Biblioteca Nacional de Francia en París, a los archivos de la Orden de Predicadores (Dominicos) o a la parroquia de Santo Domingo de Vasco en Batanes (Filipinas). Y así, como en el chiste del gitano, una cosa me llevó a otra, y esta otra me hizo pensar en algunos aspectos inéditos o singulares… En definitiva que casi sin darme cuenta, el hijo creció y un día su  padre se llevó la sorpresa de que ya se afeitaba. Y en esas estamos. Veremos qué sucede de aquí en adelante.

Tenía la intención de señalar algunos de los hitos conseguidos y dados a conocer aquí, de contar cómo los descubrí, cuáles de ellos presentaron mayor dificultad, cuáles se pueden considerar como más importantes, etc. Pero algo inesperado ha surgido esta mañana. ¡La vida te da sorpresas! Yo siempre he sido bastante providencialista y pienso que nada sucede por casualidad, que todo lo que te ocurre tiene su sentido, su razón de ser y  su significado… Así que he decidido dejarme de alardeos y de enumeraciones jactanciosas. Mejor dar razón de por qué comencé esto hace más de una década y por qué aún sigo dándole continuación. Así pues…

Ni que lo hubiera hecho a propósito, esta mañana, mi sobrina, la joven poeta Vega Cerezo Martín ha publicado en su Facebook, unos párrafos de la obra “La lectura como acto de resistencia” de la poeta argentina Claudia Masin, que no pueden venir más al caso, además de ser bellísimos y esperanzadores. A ellos me remito y dejo a mis lectores la tarea de sacar sus propias conclusiones, porque a mi no me queda nada más que explicar. La historia, la razón de este blog y de todo lo que leo y escribo está en los párrafos que siguen mucho mejor explicada de lo que yo pudiera hacerlo. Ved, si no:

“(...) Porque los afectos tristes son todos aquellos que disminuyen nuestra capacidad de obrar, de producir encuentros con los demás, de cuestionar y modificar lo dado, de convertirnos en creadores. En tiempos solitarios y tristes como este, donde desde el discurso neoliberal se nos dice que todo debemos hacerlo solos, que no hay espacio para lo común, para lo que nos enlaza a los demás, para lo que nos hace uno con ellos, en tiempos donde el discurso dominante nos machaca con la idea del mérito, nos dice que no tenemos derechos sino merecimientos, leer y escribir son actos revolucionarios. Porque son actos que -lejos de ser solitarios y autocentrados- nos ligan, nos permiten celebrar la belleza de estar con otros, de abrir el entendimiento y el corazón a esos otros (...)
La escritura –y la lectura- son acciones que nacen, crecen, se ramifican desde ese núcleo: la sorpresa de quien ve las cosas como un niño, por primera vez, de quien se sorprende por la intensidad de la experiencia del contacto físico con otros seres, de quien descubre el sufrimiento o la alegría a partir de sus efectos en el cuerpo.
La tarea, entonces -para los que escribimos, leemos o enseñamos a otros a amar los libros- consiste en defender y ayudar a defender ese bravo bastión de resistencia que sobrevive en cada uno de nosotros: la propia infancia, con su capacidad de asombro, con el poder de imaginarlo todo, de vivir -sin haberlas vivido- la vida de los otros, de amar -sin haberlos conocido- a esos otros tan distintos a nosotros. Fortalecer este bastión de resistencia que mantiene de pie lo que parece vencido, y que –estoy segura- es capaz de poner de rodillas a poderes que creemos invulnerables.”

Pues, bien, ya sabéis el porqué y el para qué. Nada queda por decir. ¡Ah, sí!: Feliz verano.

 

 


Publicado por Sayago @ 13:26
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