Viernes, 31 de enero de 2020

Nada más agradable para el cronista que dar buenas noticias, escribir sobre celebraciones o felicitar por algún venturoso acontecimiento. Y hoy, por fortuna, este es el caso. Al toparme con esta noticia, en HERALDO DEZAMORA del día 27 de diciembre de 1918, de gozo me dio un vuelco el corazón. ¡Qué bueno! ¡Tocó la lotería de Navidad en Almeida! ¡Un millón, nada menos, de aquellas pesetas de entonces...! Y además de estar muy repartido el premio, resulta que los agraciados eran los más humildes del pueblo, a los que a buen seguro "el pelotazo" les caería del cielo, viniendo en su auxilio para paliar sus estrecheces. La mejor manera de cerrar una año que, a consecuencia de la epidemia de la gripe mal llamada "española", el sufrimiento había sido generalizado e intenso para todo el mundo.

He aquí la reproducción del memorable acontecimiento, tal y como apareció en el periódico:

ALMEIDA AFORTUNADA

De cerca

Al momento, y con toda la alegría natural del caso, corrió por estos pueblos la fausta noticia de que en Almeida, ciertas gentes de modesta posición las más, poseían un décimo del excelentísimo señor número 38.667, premiado nada menos que con un millonejo de pesetas.

Como en eso de amores y loterías yo he sido siempre un pobre desgraciado, la amargura de la experiencia me ha hecho poco a poco un consumado escéptico. Por tanto, no quise dar crédito a las primeras noticias y, con paciencia, esperé otras más dignas de fé para poder dar cuenta exacta a mis lectores.

Por aquí ninguna noticia oficial teníamos, nasa sabíamos en definitiva aún; pero sin embargo, las hacía alegres comentarios como si todos vieran en sus bolsillos la grata faz de una riqueza inmensa.

En esto, cuando los comentarios y las dudas estaban en su mayor apogeo, llegó a estrecharme la mano y con el fin de informarme, el conocido Joven José Ramos, hijo del comerciante y propietario don Felipe, nuestros estimados amigos.

-Vamos a ver, amigo Pepe; ¡qué ha sido en resume n todo ello?

-Chico, vengo a informarte de cuanto sé y mis ojos han visto, advirtiéndote que es inexplicable el júbilo y la alegría de aquellas personas que fueron agraciadas con la suerte.

En Almeida hay establecida una Sociedad Humanitaria, compuesta por lo más humilde del pueblo. Y no hace mucho tiempo, Elías, o sea, un criado de mi hermano Enrique (agraciado también con mil pesetejas), fue a Zamora, al cual, el presidente de dicha sociedad, don Ángel Piorno (a) El Sortijero, dio el encargo de que trajera un décimo para dividirlo más tarde en participaciones de una peseta y distribuirlas entre los socios.

-Muy bien; y don Ángel Piorno ¿distribuyó todas las participaciones?

-No, digo, sí; porque las distribuyó a peseta ente ¡noventa y cinco!, y como aún sobraban cinco pesetas, quedaron en favor de toda la sociedad. Pero oye, si nombras al presidente en el HERALDO, llámalo El Sortijero, porque es nombre que más le gusta.

-¿Y quién trajo la primera noticia? 

-Se recibió por telégrafo; y entonces todos los que jugaban el 38.667 se reunieron estrepitosamente para comentar tan alegre noticia; unos tiraban cohetes, otros bailaban y otros subieron a tocar la campana del reloj de la Plaza. Después se fueron a esperar al peatón, o sea al señor Simón, para convencerse por correo de la noticia, no fuera a resultar algún camelo.

-¿Al ver tan buen recibimiento, lo menos que creería el señor Simón es que le habrían hecho presidente de la República portuguesa?

-Yo no sé; pero me dijeron que al ver la exactitud de la noticia, unos le abrazaron y otros deseaban ponerlo en tomate y comérselo.

-¡Qué guasones!

-¡Sí, y después volvieron corriendo, unos tocaban los organillos, otros el tamboril, otros las campanas, otros disparaban cohetes y al pobre portugués y maestro de obras don Joaquín Pedro Sixto, le rodearon un número de mujeres que unas  le bailaban, otras le tiraban  de los bigotes… Chico, hasta creo que le mordieron.

-¡Qué bromista!

Después mucho baile; ¡ahí, y lo bueno es que Eusebio Mielgo (a) El Raca, no encontraba otro calzado y salió con una chancla y una alpargata; tuvo que descalzarse entre las mujeres y se vió mal para salir de tan grave aprieto.

-Perfectamente, amigo Pepe. Cuando vayas a Almeida dí a los afortunados que HERALDO DE DE ZAMORA y yo nos alegramos mucho de que la suerte les haya sonreído tan de cerca…

Rufino Pierno Burrieza

Carbellino de Sayago

 

 


Publicado por Sayago @ 12:54
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